UNA NUEVA PRIMAVERA ESPIRITUAL


«Si se promueve la lectio divina con eficacia, estoy convencido de que producirá una nueva primavera espiritual en la Iglesia… La lectura asidua de la Sagrada Escritura acompañada por la oración permite ese íntimo diálogo en el que, a través de la lectura, se escucha a Dios que habla, y a través de la oración, se le responde con una confiada apertura del corazón… No hay que olvidar nunca que la Palabra de Dios es lámpara para nuestros pasos y luz en nuestro camino»

Benedicto XVI, 16 septiembre 2005

HISTORIA Y PASOS DE LA LECTIO DIVINA

INVOCACIÓN AL ESPÍRITU SANTO





lunes, 14 de abril de 2014

El Papa a un grupo de seminaristas: Si no están dispuestos a seguir el camino del Señor, tengan el valor de buscarse otro.


(RV).- No se están convirtiendo en “funcionarios de una empresa”, sino en “pastores a imagen de Jesús”. Fue la exhortación que el Papa Francisco dirigió este lunes a los seminaristas del Pontificio Colegio Leoniano de Anagni, fundado en 1897 por León XIII y que forma a los futuros sacerdotes de la región italiana de Lacio. Los seminaristas participaron en la audiencia luego de una peregrinación a pie, definida por el Papa como un “símbolo hermoso del camino” a recorrer en el amor de Cristo. Transformar los “proyectos vocacionales en fecunda realidad apostólica”. El Obispo de Roma sintetizó así la tarea del Leoniano, como de todos los demás seminarios y puso el acento sobre la “atmosfera evangélica”, que “consiente a cuantos en ella se sumergen asimilar día a día los sentimientos de Jesucristo, su amor por el Padre y por la Iglesia, su dedicación sin reservas al Pueblo de Dios”. E indicó en la "oración, estudio, fraternidad y vida apostólica" los "cuatro pilares de la formación":
“Ustedes, queridos seminaristas, ustedes no se están preparando para realizar una profesión, para convertirse en funcionarios de una empresa o de un organismo burocrático. Tenemos tantos, tantos sacerdotes a mitad del camino ... Es un dolor, que ellos no hayan logrado realizar el camino completo; tienen algo de los funcionarios, alguna dimensión burocrática y esto no hace bien a la Iglesia. Les pido, ¡estén atentos a no caer en eso! Ustedes se están convirtiendo en pastores a imagen de Jesús el Buen Pastor, para ser como Él y en persona de Él en medio de su rebaño, para apacentar a sus ovejas”. 
“Frente a esta vocación – dijo el Pontífice – podemos responder como la Virgen María al ángel: ‘¿Cómo es posible esto?’”. Convertirse en “buenos pastores” a imagen de Jesús , observó Francisco, “es una cosa tan grande, y nosotros somos tan pequeños”, pero en realidad “no es obra nuestra”, “es obra del Espíritu Santo, con nuestra colaboración”:
“Se trata de ofrecerse uno mismo con humildad, como arcilla para modelar, para que el alfarero, que es Dios, la trabaje con el agua y el fuego, con la Palabra y el Espíritu. Se trata de entrar en aquello que dice san Pablo: ‘ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí’ (Gal 2,20). Solamente así se puede ser diacono y presbítero en la Iglesia, solo así se puede apacentar al pueblo de Dios y guiarlo no por nuestros caminos, sino por el camino de Jesús, es más , sobre el camino que es Jesús ”. 
Es verdad, dijo el Papa, “que al inicio, no siempre existe una total rectitud de intenciones”, agregando que “es difícil que exista”:
“Todos nosotros hemos tenido siempre esas pequeñas cosas que no eran de rectitud de intención, pero con el tiempo esto se resuelve con la conversión de cada día. ¡Pensemos en los apóstoles! Piensen en Santiago y Juan, en que uno quería convertirse en primer ministro y el otro en ministro de economía, porque era más importante. Los apóstoles ... pensaban en otras cosas y el Señor con tanta paciencia ... ha hecho la corrección de la intención y al final era tanta su rectitud de intención que han dado la vida en la predicación y en el martirio". 
Francisco subrayó así la importancia de “meditar el Evangelio cada día, para transmitirlo con la vida y la predicación”. Y además, “experimentar la misericordia de Dios en el sacramento de la Reconciliación, y esto no dejarlo jamás". "¡Confesarse siempre!", exhortó, y "así se convertirán en ministros generosos y misericordiosos porque sentirán la misericordia de Dios sobre ustedes para convertirse en ministros generosos y misericordiosos”. Ser buenos pastores, agregó, “significa alimentarse de la Eucaristía con amor, para nutrir con ella al pueblo cristiano”, “significa ser hombres de oración, para convertirse en voz de Cristo que alaba al Padre e intercede continuamente por los hermanos”. Si ustedes “no están dispuestos a seguir este camino, con estas actitudes y estas experiencias – advirtió el Papa a los seminaristas – es mejor que tengan el valor de buscarse otro camino”:
“En la Iglesia hay tantas formas de dar testimonio cristiano y también tantos caminos que conducen a la santidad . En la secuela ministerial de Jesús no hay lugar para la mediocridad, aquella mediocridad que lleva siempre a usar al santo pueblo de Dios para ventaja propia. ¡Ay de los pastores de Israel que se apacientan a sí mismos! ¿Acaso los pastores no deben apacentar el rebaño? – exclamaban los Profetas (cfr Ez 34,1-6), con cuánta fuerza”. 
Agustín, continuó diciendo el Santo Padre, toma esta frase profética en su De Pastoribus. “Ay de los malos pastores – advirtió el Papa – porque el seminario, digamos la verdad no es un refugio para tantas limitaciones que podamos tener, un refugio de limitaciones psicológicas o un refugio porque no tengo el coraje de ir adelante en la vida y busco allí un lugar que me defienda”:
“No, no es aquello. Si su seminario fuese eso, ¡se convertiría en una hipoteca para la Iglesia! No, el seminario es precisamente para ir adelante, adelante en este camino y cuando escuchamos a los profetas decir ‘¡ay!’ que este ‘¡ay!’ nos haga reflexionar seriamente sobre su futuro. Una vez Pío XI dijo que era mejor perder una vocación que arriesgar con un candidato inseguro. Era un alpinista, conocía esas cosas”. 
El Papa concluyó su discurso confiando los seminaristas a la Virgen María. “Los místicos rusos – observó – decían que en el momento de las turbulencias espirituales es necesario refugiarse bajo el manto de la Santa Madre de Dios”. Por lo tanto salir, pero “cubiertos con el manto” de María.
(RC-RV)