UNA NUEVA PRIMAVERA ESPIRITUAL


«Si se promueve la lectio divina con eficacia, estoy convencido de que producirá una nueva primavera espiritual en la Iglesia… La lectura asidua de la Sagrada Escritura acompañada por la oración permite ese íntimo diálogo en el que, a través de la lectura, se escucha a Dios que habla, y a través de la oración, se le responde con una confiada apertura del corazón… No hay que olvidar nunca que la Palabra de Dios es lámpara para nuestros pasos y luz en nuestro camino»

Benedicto XVI, 16 septiembre 2005


HISTORIA Y PASOS DE LA LECTIO DIVINA




INVOCACIÓN AL ESPÍRITU SANTO





viernes, 16 de enero de 2026

El fascinante y complejo vínculo entre la demonología, la religión y la salud mental.

 En esta conferencia, el Dr. Jeff D. Huarcaya Victoria explora el fascinante y complejo vínculo entre la demonología, la religión y la salud mental.

A través de una mirada histórica, clínica y cultural, analiza cómo las antiguas nociones de posesión, mal y exorcismo se transforman hoy en categorías psicopatológicas y procesos terapéuticos, invitando a reflexionar sobre los límites entre la espiritualidad, la cultura y la psiquiatría contemporánea.



Las prácticas mágicas y su relación con la acción del demonio


Las prácticas mágicas y su relación con la acción del demonio

Los daños espirituales derivados de las prácticas mágicas constituyen el objeto habitual del exorcismo


Por: L'Osservatore Romano | Fuente: Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES)

El sacerdote dominico François-Marie Dermine, exorcista y experto en el discernimiento de fenómenos sobrenaturales, ha escrito un artículo titulado “Superstición, exorcismo y oración de liberación” en L’Osservatore Romano del pasado 17 de noviembre. Por su interés, recogemos a continuación lo más interesante del artículo.

Superstición e influencia diabólica

El Catecismo de la Iglesia Católica define la superstición como una “desviación del sentimiento religioso y de las prácticas que impone” (n. 2111). No sólo contribuye a alejar el culto de su verdadero objeto –es decir, Dios– y de su auténtica finalidad religiosa, sino que confiere irracionalmente un valor sobrenatural a lo que no lo tiene (el gato negro, el número 13 ó 17 para la mala suerte) o quizás una eficacia aplicada a medios absolutamente inadecuados de por sí y desproporcionados con respecto a los efectos a conseguir (el amuleto para la suerte, fórmulas específicas, etc.).

Santo Tomás de Aquino hace a este respecto una oportuna precisión: “todo aquello que puede ser explicado por una causa cierta, natural, humana o divina, no es supersticioso; sólo aquello que no puede ser explicado por una causa cierta se dice que es vano y supersticioso” (De sortibus, 5).

Los daños espirituales derivados de las prácticas mágicas constituyen el objeto habitual del exorcismo o de la oración de liberación, en tanto que a quien recurre a ellas lo sustraen de la voluntad divina y lo entregan directamente a la influencia diabólica.


Los signos mágicos, “sacramentos” del diablo
Los intentos de conocer las cosas ocultas o futuras implican un rechazo pecaminoso de los límites de tiempo y de espacio inherentes a la naturaleza humana, creada así por Dios, y no pocas de estas prácticas comportan una intención de dañar a otros (maleficios) o de dominarlos afectivamente (encantamientos).

Ahora bien, la razón por sí misma constata la ineficacia intrínseca de los medios típicos de la magia: se sabe, por ejemplo, que las carta no tienen por sí mismas la capacidad de desvelar las cosas ocultas o futuras por lo que, al menos implícitamente, el mismo supersticioso, después de haberse alejado de quien no ha querido procurarle el beneficio buscado, expresa más o menos conscientemente “un deseo de granjearse la protección de poderes ocultos” (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2116).

Estos medios, en suma, “no son adoptados como causas, sino como signos”, es decir, se convierten, como los sacramentos, en signos eficaces, obviamente no por intervención divina, sino diabólica, y por lo tanto implican “pactos concertados sobre la base de signos” con los demonios.

Para entender bien el exorcismo
Por otro lado, hay que decir que una mente supersticiosa expresa generalmente un enfoque mágico del exorcismo y de la oración de liberación, atribuyendo la causa inmediata de todos nuestros males al demonio o a un maleficio, ya sea inspirando una búsqueda errática del exorcista “poderoso” y eventualmente sensitivo, ya sea pretendiendo una liberación sin el camino indispensable de conversión.

Con estas breves consideraciones, estamos en grado de entender la urgente necesidad de una purificación de cualquier contaminación supersticiosa. Necesidad a la que, entre otras cosas, intenta responder el curso sobre exorcismo y oración de liberación que ofrece cada año el Instituto Sacerdos, del Ateneo Pontificio Regina Apostolorum de Roma, y el Grupo de Investigación e Información Socio-Religiosa (GRIS).

Oración de liberación

Terminamos el Padre Nuestro pidiendo a Dios que nos libre del mal. Es una petición muy seria que hacemos a Dios Todopoderoso: que nos libre de Satanás, del diablo, del seductor (Ap 12,9), del padre de la mentira (Jn 8,44). También Jesús lo pidió para nosotros en la última cena: "No te pido que los retires del mundo, sino que los guardes del Maligno" (Jn 17, 15)


"Al pedir ser liberados del Maligno, oramos igualmente para ser liberados de todos los males, presentes, pasados y futuros de los que él es autor o instigador. En esta última petición, la Iglesia presenta al Padre todas las desdichas del mundo. Con la liberación de todos los males que abruman a la humanidad, implora el don precioso de la paz y la gracia de la espera perseverante en el retorno de Cristo." (Catecismo n. 2854)


Señor, el demonio anda "como león rugiente buscando a quien devorar" (1Pe 5,8).
No queremos caer en sus garras. Líbranos del mal.
Líbranos del tentador, de sus seducciones y de sus engaños, no dejes que siembre la cizaña del mal en nuestras vidas.
Líbranos del orgullo, del amor propio y la autosuficiencia.
Líbranos de la idolatría y la vanidad, de toda forma de egoísmo, de ponernos al centro de nuestros pensamientos e intereses.
Líbranos de ser esclavos de la opinión de los demás, de la cobardía, del respeto humano y de todo aquello que condicione nuestra autenticidad cristiana.
Líbranos de cuanto nos esclaviza sin que nos demos cuenta.
Líbranos de los malos sentimientos, del rencor, del odio, del deseo de venganza.
Líbranos de cualquier ambición o atadura que nos robe la paz.
Queremos aspirar a las cosas de arriba, no a las de la tierra.
Líbranos de los apegos que nos impiden volar hasta ti.
Aleja de nosotros toda turbación, angustia, tristeza u obsesión.
Líbranos de las fuerzas del mal, de los maleficios, de las brujerías, de la infestación diabólica.
Queremos estar siempre en tus brazos y nunca bajo el poder de Satanás.
¡Queremos ser libres, Señor! ¡Queremos ser tuyos, sólo tuyos!
Queremos despojarnos del hombre viejo y que nos revistas del hombre nuevo a través de la gracia que nos regalas en los Sacramentos.
Tenemos la certeza de que si tú estás con nosotros, nadie podrá contra nosotros (cfr Rm 8, 31)
Por eso hacemos esta oración llenos de confianza en Ti: Tú has vencido al mundo (cfr. Jn 16,33)
Todo lo podemos en ti que nos das fuerza (cfr Fil, 4,13)
Por los méritos de la pasión, muerte y resurrección de tu Hijo Jesucristo,
te pedimos, Padre, que nos libres del maligno ahora y en la hora de nuestra muerte.

Amén.