UNA NUEVA PRIMAVERA ESPIRITUAL


«Si se promueve la lectio divina con eficacia, estoy convencido de que producirá una nueva primavera espiritual en la Iglesia… La lectura asidua de la Sagrada Escritura acompañada por la oración permite ese íntimo diálogo en el que, a través de la lectura, se escucha a Dios que habla, y a través de la oración, se le responde con una confiada apertura del corazón… No hay que olvidar nunca que la Palabra de Dios es lámpara para nuestros pasos y luz en nuestro camino»

Benedicto XVI, 16 septiembre 2005


HISTORIA Y PASOS DE LA LECTIO DIVINA




INVOCACIÓN AL ESPÍRITU SANTO





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lunes, 27 de junio de 2016

Lectio Divina: Martes, 28 de junio, 2016: Evangelio según san Mateo 8,23-27. (- 13ª Semana del Tiempo durante el Año - Ciclo C -)



Lectio Divina: 
Martes, 28 Junio, 2016 

1) Oración inicial
Padre de bondad, que por la gracia de la adopción nos has hecho hijos de la luz; concédenos vivir fuera de las tinieblas del error y permanecer siempre en el esplendor de la verdad. Por nuestro Señor.

2) Lectura del Evangelio
Del Evangelio según Mateo 8,23-27
Subió a la barca y sus discípulos le siguieron. De pronto se levantó en el mar una tempestad tan grande que la barca quedaba tapada por las olas; pero él estaba dormido. Acercándose ellos le despertaron diciendo: « ¡Señor, sálvanos, que perecemos!» Díceles: « ¿Por qué tenéis miedo, hombres de poca fe?» Entonces se levantó, increpó a los vientos y al mar, y sobrevino una gran bonanza. Y aquellos hombres, maravillados, decían: «¿Quién es éste, que hasta los vientos y el mar le obedecen?»
Palabra del Señor

3) Reflexión

• Mateo escribe para las comunidades de judíos convertidos de los años 70 que se sentían como un barco perdido en el mar revuelto de la vida, sin mucha esperanza de poder alcanzar el puerto deseado. Jesús parece que duerme en el barco, porque ellos no veían ningún poder divino que los salvara de la persecución. Mateo recoge diversos episodios de la vida de Jesús para ayudar las comunidades a descubrir, en medio de la aparente ausencia, la acogedora y poderosa presencia de Jesús vencedor, que domina el mar (Mt 8,23-27), que vence y expulsa el poder del mal (Mt 9,28-34) y que tiene poder de perdonar los pecados (Mt 9,1-8). Con otras palabras, Mateo quiere comunicar la esperanza y sugerir que las comunidades no deben temer nada. Este es el motivo del relato de la tormenta calmada del evangelio de hoy.

• Mateo 8,23: El punto de partida: entrar en el barco. Mateo sigue el evangelio de Marcos, pero lo acorta y lo incluye en el nuevo esquema que él adoptó. En Marcos, el día fue pesado por el mucho trabajo. Una vez terminado el discurso de las parábolas (Mc 4,3-34), los discípulos llevan a Jesús al barco y, de tan cansado que está, Jesús se duerme encima de una travesera (Mc 4,38). El texto de Mateo es mucho más breve. Solamente dice que Jesús entra en el barco, y los discípulos lo acompañan. Jesús es el Maestro, los discípulos siguen al maestro.

• Mateo 8,24-25: La situación es desesperada: “! Estamos a punto de perecer!” El lago da Galilea está cerca de altas montañas. A veces, por los resquicios de las rocas, el viento sopla fuerte sobre el lago produciendo repentinas tormentas. Viento fuerte, mar agitado, barco lleno de agua. Los discípulos eran pescadores experimentados. Si ellos piensan que están a punto de hundirse, quiere decir que la situación es peligrosa. Pero Jesús no parece darse cuenta, y sigue durmiendo. Ellos gritan: “Señor, ¡sálvanos! Que estamos pereciendo". En Mateo, el sueño profundo de Jesús no es sólo señal de cansancio, es también expresión de confianza tranquila de Jesús en Dios. ¡El contraste entre la actitud de Jesús y de los discípulos es grande!

• Mateo 8,26: La reacción de Jesús: “¿Por qué tenéis miedo?” Jesús se despierta, no por las olas, sino por el grito desesperado de los discípulos. Se dirige a ellos y dice: “¿Por qué tenéis miedo? ¡Hombres de poca fe!” Luego, él se levanta, amenaza los vientos y el mar, y todo queda en calma. La impresión que se tiene es que no era necesario aplacar el mar, pues no había ningún peligro. Es como cuando uno llega a casa de un amigo, y el perro, al lado del dueño de la casa, empieza a ladrar al visitante. Pero no es necesario tener miedo, porque el dueño está presente y controla la situación. El episodio de la tormenta calmada evoca el éxodo, cuando la multitud, sin miedo, atravesó las aguas del mar (Ex 14,22). Jesús rehace el éxodo. Evoca al profeta Isaías, que decía al pueblo: “Cuando atravieses las aguas, ¡yo estaré contigo!” (Is 43,2). Por fin, el episodio de la tormenta calmada evoca la profecía anunciada en el Salmo 107:
Los que viajaron en barco por el mar,
para traficar por las aguas inmensas,
contemplaron las obras del Señor,
sus maravillas en el océano profundo.
Con su palabra desató un vendaval,
que encrespaba las olas del océano:
ellos subían hasta el cielo, bajaban al abismo,
se sentían desfallecer por el mareo,
se tambaleaban dando tumbos como ebrios,
y su pericia no les valía de nada.
Pero en la angustia invocaron al Señor,
y él los libró de sus tribulaciones:
cambió el huracán en una brisa suave
y se aplacaron las olas del mar;
entonces se alegraron de aquella calma,
y el Señor los condujo al puerto deseado.
(Sal 107,23-30)

• Mateo 8,27: El miedo de los discípulos: “¿Quién es este hombre?” Jesús preguntó: “¿Por qué tenéis miedo?” Los discípulos no saben qué responder. Admirados, se preguntan: “¿Quién es éste, a quien hasta los vientos y el mar obedecen?” A pesar de haber vivido tanto tiempo con Jesús, no saben todavía quién es. ¡Jesús sigue siendo un extraño para ellos! ¿Quién es éste?

• ¿Quién es éste? ¿Quién es Jesús para nosotros, para mí? Esta debe ser la pregunta que nos lleva a continuar la lectura del Evangelio, todos los días, con el deseo de conocer más y más el significado y el alcance de la persona de Jesús para nuestra vida. De esta pregunta nace la Cristología. No nació de altas consideraciones teológicas, sino del deseo que los primeros cristianos tenían de encontrar siempre nuevos nombres y títulos para expresar lo que Jesús significaba para ellos. Son decenas y decenas los nombres, los títulos y los atributos, desde carpintero hasta hijo de Dios, que Jesús recibe: Mesías, Cristo, Señor, Hijo amado, Santo de Dios, Nazareno, Hijo del Hombre, Esposo, Hijo de Dios, Hijo del Dios altísimo, Hijo de María, carpintero, Profeta, Maestro, Hijo de David, Rabuni, Bendito el que viene en el nombre del Señor, Hijo, Pastor, Pan de vida, Resurrección, Luz del mundo, Camino, Verdad, Vida, Rey de los judíos, Rey de Israel, etc., etc. Cada nombre, cada imagen es un intento para expresar lo que Jesús significaba para ellos. Pero un nombre, por muy bonito que sea, nunca llega a revelar el misterio de una persona, mucho menos de la persona de Jesús. Jesús no cabe en ninguno de estos nombres, en ningún esquema, en ningún título. El es mayor que todo, supera todo. No puede ser enmarcado. El amor capta, la cabeza ¡no! Es a partir de la experiencia viva del amor, que los nombres, los títulos y las imágenes reciben su pleno sentido. Al final, ¿quién es Jesús para mí, para nosotros?

4) Para la reflexión personal
• ¿Cuál era el mar agitado en el tiempo de Jesús? ¿Cuál era el mar agitado en la época en que Mateo escribió su evangelio? ¿Cuál es hoy el mar agitado para nosotros? Alguna vez, ¿las aguas agitadas de la vida han amenazado con ahogarte? ¿Qué te salvó?
• ¿Quién es Jesús para mí? ¿Cuál es el nombre de Jesús que mejor expresa mi fe y mi amor?


5) Oración final
Una edad a otra encomiará tus obras,
pregonará tus hechos portentosos.
El esplendor, la gloria de tu majestad,
el relato de tus maravillas recitaré. (Sal 145,4-5)

domingo, 28 de junio de 2015

Lectio Divina (Método en 10 pasos): Domingo, 28 de Junio, 2015: Evangelio según San Marcos. 5, 21-43. : (13° Domingo del Tiempo Ordinario - Ciclo B -)


LECTIO DIVINA DEL EVANGELIO DEL DOMINGO DE 13ª SEMANA DEL TIEMPO DURANTE EL AÑO. DOMINGO 28 DE JUNIO 2015. 

La Lectio Divina es la lectura-escucha-meditación -orante de la Palabra de Dios para encarnarla en vida diaria.

1°. ORACIÓN DE PREPARACIÓN:
Señor, yo creo en ti y en tu amor. Si quieres puedes convertir este momento de (lectio divina) lectura-orante de tu evangelio en una experiencia de amor que sane y transforme toda mi vida; como el leproso, sé que lo puedes hacer y humildemente te suplico que lo hagas. Amén

2°. LECTURA DEL EVANGELIO:
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos.  5, 21-43
Cuando Jesús regresó en la barca a la otra orilla, una gran multitud se reunió a su alrededor, y él se quedó junto al mar. Entonces llegó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verlo, se arrojó a sus pies, rogándole con insistencia: “Mi hijita se está muriendo; ven a imponerle las manos, para que se sane y viva”. Jesús fue con él y lo seguía una gran multitud que lo apretaba por todos lados. Se encontraba allí una mujer que desde hacía doce años padecía de hemorragias. Había sufrido mucho en manos de numerosos médicos y gastado todos sus bienes sin resultado; al contrario, cada vez estaba peor. Como había oído hablar de Jesús, se le acercó por detrás, entre la multitud, y tocó su manto, porque pensaba: “Con sólo tocar su manto quedaré sanada”. Inmediatamente cesó la hemorragia, y ella sintió en su cuerpo que estaba sanada de su mal. Jesús se dio cuenta en seguida de la fuerza que había salido de él, se dio vuelta y, dirigiéndose a la multitud, preguntó: “¿Quién tocó mi manto?”. Sus discípulos le dijeron: “¿Ves que la gente te aprieta por todas partes y preguntas quién te ha tocado?”. Pero él seguía mirando a su alrededor, para ver quién había sido. Entonces la mujer, muy asustada y temblando, porque sabía bien lo que le
había ocurrido, fue a arrojarse a sus pies y le confesó toda la verdad. Jesús le dijo: “Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz, y queda sanada de tu enfermedad”. Todavía estaba hablando, cuando llegaron unas personas de la casa del jefe de la sinagoga y le dijeron: “Tu hija ya murió; ¿para qué vas a seguir molestando al Maestro?”. Pero Jesús, sin tener en cuenta esas palabras, dijo al jefe de la sinagoga: “No temas, basta que creas”. Y sin permitir que nadie lo acompañara, excepto Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago, fue a casa del jefe de la sinagoga. Allí vio un gran alboroto, y gente que lloraba y gritaba. Al entrar, les dijo: “¿Por qué se alborotan y lloran? La niña no está muerta, sino que
duerme”. Y se burlaban de él. Pero Jesús hizo salir a todos, y tomando consigo al padre y a la madre de la niña, y a los que venían con él, entró donde ella estaba. La tomó de la mano y le dijo: “Talitá kum”, que significa: “¡Niña, yo te lo ordeno, levántate!”. En seguida la niña, que ya tenía doce años, se levantó y comenzó a caminar. Ellos, entonces, se llenaron de asombro, y él les mandó insistentemente que nadie se enterara de lo sucedido. Después dijo que dieran de comer a la niña.
Palabra del Señor.

3°.MEDITACIÓN DEL EVANGELIO:
A. COMENTARIO INTRODUCTORIO

  • Marcos introducía el domingo pasado el tema de la fe en Jesús. El texto de hoy, nos ubica de nuevo en la orilla judía del lago de Genesaret; en medio de la aglomeración de la gente en torno al maestro de Nazaret, que se dirige hasta la casa de Jairo, un encargado del orden en la sinagoga, cuya hija está mortalmente enferma. Jesús accede a su pedido de ir a sanarla. Entre la partida de la orilla y la llegada a la casa, una mujer acude a Jesús como a último y único remedio a sus trastornos corporales.
  • En la época del Nuevo Testamento, la mujer vivía marginada por el simple hecho de ser mujer. En la sinagoga no participaba en la vida pública, no podía ser testigo.
  • Sin embargo, las protagonistas de este texto son dos mujeres. La primera: una mujer que sufría hemorragias y vivía marginada, porque en aquel tiempo la sangre convertía impura a la persona y a quien la tocara. Había gastado toda su fortuna con los médicos, pero había empeorado. Doce años con hemorragia, doce años de marginación. La segunda: la hija de uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, que tiene doce años. A esta edad empiezan las menstruaciones y se convierte en mujer, por lo tanto comienza la exclusión y comienza a morir. Jesús tiene un poder mayor. A una la sana y a la otra la resucita.
  • Jesús se revela como vencedor de la muerte y de la enfermedad. En la curación de la hemorroisa y en la resurrección de la hija de Jairo, descubrimos un anuncio de su propia resurrección. Estos hechos están iluminados por la luz del misterio pascual. Al mismo tiempo manifiestan la misión liberadora de Cristo, concretada en el mundo del dolor y de la muerte, entre los que sufren enfermedad y angustia.
  • Estos signos que realiza Jesús expresan la presencia del Padre en nuestra existencia, herida por el pecado. Una presencia de lucha constante, pero salvadora, que trata de arrancarnos de la enfermedad y de la muerte. Una lucha en la que el papel decisivo lo tiene nuestra fe.
  • Dos dichos de Jesús constituyen los pilares principales de los dos relatos de sanación: “Hija, tu fe te ha curado, vete en paz”; “No temas, ten fe y basta”. En estas dos frases, dichas a la mujer y al padre de la niña, ponen de manifiesto la importancia de la fe para experimentar la vida y percibir la presencia liberadora del Reino. Sin fe no hay liberación ni puede haber signos de vida. La fe está en el centro de estos dos hechos milagrosos, de estos dos relatos de vida. Fe en el poder de Jesús.
  • Por la fuerza de su fe, la mujer curada se va en paz, con plenitud interior y exterior de vida, como si hubiera vuelto a nacer. Por la fuerza de la fe del padre, la niña recupera la vida cuando ésta parecía que le había sido arrebatada.
  • Quien confía en Jesús, quien se abandona en sus manos es capaz de hacer de los imposibles, posibles. Quien acepta a Jesús como Señor y el salvador de su vida, experimentará que la salvación de Dios entra en su casa. Apoyados en la fe que Jesús nos pide, estamos llamados a superar el temor que ocasiona la muerte y a transfigurar la enfermedad. Cuando el evangelio pone de manifiesto la enorme fuerza curativa de la fe, ésta no queda reducida únicamente a lo fisiológico. Sano es, en realidad, aquel que es capaz de realizar un proyecto de vida en libertad. Esta salud total es la que Jesús transmite: Él no se limita a curar enfermedades físicas, sino a salvar. La fe cura integralmente, salva.
  • Estos dos milagros de Jesús son signos de vida. Porque El es la vida, se enfrenta con la enfermedad y la muerte. Esta actitud dinámica y salvadora ante todo tipo de enfermedad y de muerte es la que pide Jesús a sus discípulos por la fe. La actitud del cristiano no puede ser la resignación ante lo inevitable. Nuestra fe de discípulos debe ser una fuerza de vida y en favor de la vida, algo más que un consuelo en situaciones límite, o una evasión en la vida cotidiana, esperando que el cielo resuelva todo.
  • Frente a toda enfermedad y toda situación de muerte, nuestra postura ha de ser de lucha contra ellas. A medida que en nuestra vida nos liberamos de toda opresión de pecado, apoyados en la fe, estamos haciendo nuestra resurrección, que es victoria sobre la muerte. Desde la fe sabemos que la enfermedad y la muerte no son la última palabra, sino el paso de un nuevo amanecer a la vida.
  • La fe, tiene que mostrarse en cada momento y en cada situación, como un trabajo y una lucha viva en favor de la vida, y por tanto contra todo lo que hiere a los hombres, a su dignidad, al proyecto de Dios sobre sus vidas y los de toda la humanidad. Si por la fe creemos lo imposible, es para hacer posible la vida para todos. No vale decir que creemos en la vida eterna si al mismo tiempo, no hacernos nada por una vida más humana para todos los hombres.
  • Hoy,  luchar por la vida significa defenderla en los no-nacidos, y en los ya nacidos luchando para no acostumbrarnos al paisaje de los chicos perdiendo la infancia, lavando parabrisas o prostituyéndose por unas pocas monedas. Hoy, luchar por la vida es no conformarnos con que las “cosas sean así” y dejarnos llevar por la corriente anulando nuestra conciencia.
  • Hoy, luchar por la vida es animarse a tener ideales generosos y proyectos grandes, aunque en ellos se nos vaya la existencia. Hoy, luchar por la vida es creer que es posible una vida distinta y crear lo posible para que sea realidad. Hoy, luchar por la vida es “hacer algo por alguien” aunque sea poco, sabiendo que eso poco si yo no lo hago va a faltar. Hoy, luchar por la vida es hacernos cargo de los otros: de los ancianos, de los enfermos, de los solos, de los excluidos, de los “locos”, de los que han perdido el sentido de la vida, y en esa preocupación hallar sentido para la nuestra.
  • Hoy, luchar por la vida al estilo de Jesús, es no dejar de buscar la justicia social grande y la cotidiana, que haga de los hombres seres vivos y no sólo sobrevivientes. Hoy, luchar por la vida es orar, pedir con descaro, adorar tocando al Señor para arrancar de su corazón el torrente de la Vida, experimentando de ese modo, que estamos en la causa de Dios por la Vida plena del hombre, trabajando codo a codo.
B. REFLEXIÓN DEL PAPA FRANCISCO.
Queridos hermanos y hermanas:
Este domingo, el evangelista san Marcos nos presenta el relato de dos curaciones milagrosas que Jesús realiza en favor de dos mujeres: la hija de uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y una mujer que sufría de hemorragia (cf. Mc 5, 21-43). Son dos episodios en los que hay dos niveles de lectura; el puramente físico: Jesús se inclina ante el sufrimiento humano y cura el cuerpo; y el espiritual: Jesús vino a sanar el corazón del hombre, a dar la salvación y pide fe en él. En el primer episodio, ante la noticia de que la hija de Jairo había muerto, Jesús le dice al jefe de la sinagoga: «No temas; basta que tengas fe» (v. 36), lo lleva con él donde estaba la niña y exclama: «Contigo hablo, niña, levántate» (v. 41). Y esta se levantó y se puso a caminar. San Jerónimo comenta estas palabras, subrayando el poder salvífico de Jesús: «Niña, levántate por mí: no por mérito tuyo, sino por mi gracia. Por tanto, levántate por mí: el hecho de haber sido curada no depende de tus virtudes» (Homilías sobre el Evangelio de Marcos, 3). El segundo episodio, el de la mujer que sufría hemorragias, pone también de manifiesto cómo Jesús vino a liberar al ser humano en su totalidad. De hecho, el milagro se realiza en dos fases: en la primera se produce la curación física, que está íntimamente relacionada con la curación más profunda, la que da la gracia de Dios a quien se abre a él con fe. Jesús dice a la mujer: «Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda curada de tu enfermedad» (Mc 5, 34).

Para nosotros estos dos relatos de curación son una invitación a superar una visión puramente horizontal y materialista de la vida. A Dios le pedimos muchas curaciones de problemas, de necesidades concretas, y está bien hacerlo, pero lo que debemos pedir con insistencia es una fe cada vez más sólida, para que el Señor renueve nuestra vida, y una firme confianza en su amor, en su providencia que no nos abandona.

Jesús, que está atento al sufrimiento humano, nos hace pensar también en todos aquellos que ayudan a los enfermos a llevar su cruz, especialmente en los médicos, en los agentes sanitarios y en quienes prestan la asistencia religiosa en los hospitales. Son «reservas de amor», que llevan serenidad y esperanza a los que sufren. En la encíclica Deus caritas est, expliqué que, en este valioso servicio, hace falta ante todo competencia profesional —que es una primera necesidad fundamental—, pero esta por sí sola no basta. En efecto, se trata de seres humanos, que necesitan humanidad y atención cordial. «Por eso, dichos agentes, además de la preparación profesional, necesitan también y sobre todo una “formación del corazón”: se les ha de guiar hacia el encuentro con Dios en Cristo que suscite en ellos el amor y abra su espíritu al otro» (n. 31).

Pidamos a la Virgen María que acompañe nuestro camino de fe y nuestro compromiso de amor concreto especialmente a los necesitados, mientras invocamos su maternal intercesión por nuestros hermanos que viven un sufrimiento en el cuerpo o en el espíritu. (Papa Francisco, Ángelus del domingo 1 de julio 2012).

4°. ORACIÓN: Dialogo con el Divino Maestro
Oración por la vida

Señor de la vida: quiero vivir una vida que no termine
Señor del amor: quiero amar sin límites.
Señor de mis sueños quiero ser libre en plenitud de libertad.
Señor de la esperanza quiero caminar sin llegar.
Aquí me tenés, lleno de vida y entusiasmo;
aquí me tenés con ganas de hacer algo bello por vos;
aquí me tenés en busca de una entrega sin medida;
aquí me tenés resistiéndome a morir por morir.
Lo mío es vivir para siempre: lo dice tu Evangelio.
Lo mío es vivir vida eterna: lo prometiste vos.
Lo mío es vivir el amor que no muere: eso es lo tuyo.
Lo mío es vivir tu vida nueva: la de tu Espíritu.
Lo mío es vivirte a vos: Mi vida es tu Resurrección.
Vivo la paz de tu Reino: camino hacia la plenitud.
Vivo la verdad de tu Reino: camino hacia tu luz.
Yo viviré para siempre: creo en tu vida eterna.
Yo viviré para siempre: creo en mi resurrección.
Yo viviré para siempre: creo en el reino prometido.
Yo viviré para siempre: creo en el más allá.
Yo viviré para siempre: creo en tu amor que nunca muere.
Yo viviré para siempre: creo que me esperás al final.
Señor Jesús, Señor resucitado: espero la vida eterna.
Señor Jesús, Señor siempre joven, espero contra toda esperanza. Amén.

Emilio Mazariegos

5°. CONTEMPLACIÓN: Silencio ante la Palabra.
6°. CONSOLACIÓN: Es sentir íntimamente el "gusto" de la Palabra de Dios.

7°. DISCERNIMIENTO: Pensar y Discernir la Palabra.
¿Qué puntos de contacto encuentro entre mi fe y la mujer enferma y el padre de la niña de este pasaje del evangelio?
¿Pongo mi confianza sin medida en las manos del Señor?
¿Cómo es mi oración y mi petición en las necesidades?

8°. COMPARTIR: Comparto la Palabra.
9°. DELIBERACIÓN: Tomo una decisión concreta iluminado por la Palabra.

10. ACCIÓN CONCRETA: Propósito del día.
Hoy leeré atentamente, meditaré y transformaré en oración y acción concreta lo que Jesús dijo al jefe de la sinagoga: “No temas, basta que creas”.

SANTOS DE HOY - PIDAMOS LA INTERCESIÓN DE TODOS ELLOS
-Institución de la oración del Ángelus de Nuestra Señora, Europa (1456)
-Virgen De Las Tres Manos
-San Argimiro de Cabra y de Córdoba, Mártir
-San Atilio, Soldado y Mártir
-San Eron o Heron de Alejandría, Mártir
-San Heinrado o Eimerado de Hassungen, Presbítero y Eremita
-San Herlembaldo Cotta, Mártir
-San Heráclides de Alejandría, Mártir
-San Irineo de Lyon, Obispo y escritor, Padre de la Iglesia (Memoria Litúrgica)
-San Juan (John) Southworth, Presbítero y Mártir
-San León II, Papa (Julio 3)
-San Lupercio, Mártir
-San Pablo I, Papa
-San Papías o Papio de Sicilia, Mártir
-San Plutarco de Alejandría, y compañeros, Mártires
-San Sereno de Alejandría, y compañeros, Mártires
-San Sereno de Alejandría, Mártir
-Santa Lucía Wang Cheng, y compañeras Mártires
-Santa Marcela de Alejandría, Mártir
-Santa María Chi Yu, Mártir
-Santa María Du Zhao (Zhaozhi), Madre y Mártir
-Santa María Fan Kun, Mártir
-Santa María Zheng Xu, Mártir
-Santa Potamiena de Alejandría, Mártir
-Santa Rayda de Alejandría, Mártir
-Santa Vicenta Gerosa, Co-fundadora

San Cayetano Errico, ruega por nosotros

"Oración a San Miguel Arcángel"
San Miguel Arcángel,
defiéndenos en el combate diario.
Sé nuestro amparo
contra la perversidad y asechanzas
del demonio.
Reprímale Dios, pedimos suplicantes,
y tú Príncipe de la Milicia Celestial,
por medio del divino poder, arroja al infierno
a Satanás y a los otros espíritus malignos
que andan dispersos por el mundo
para la perdición de las almas.

Amén.

sábado, 27 de junio de 2015

Lectio Divina (Método clásico): Domingo, 28 de Junio, 2015: Evangelio según San Marcos. 5, 21-43. : (13° Domingo del Tiempo Ordinario - Ciclo B -)



Lectio Divina: 
  Domingo, 28 Junio, 2015
Jesús cura a dos mujeres

Vencer el poder de la muerte y 
abrir el camino hacia Dios


1. Oración inicial
Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz, que parecía ser el final de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de vida y resurrección.
Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos a Ti, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu. Amén.
2. Lectura
a) Clave de lectura:
En este 13º Domingo del Tiempo Ordinario la Iglesia propone una meditación de dos milagros de Jesús a favor de dos mujeres. El primero a favor de una mujer, considerada impura a causa de una hemorragia que padecía desde hacía doce años. El otro a favor de una niña de 12 años. Recién muerta. Según la mentalidad de la época, cualquier persona que tocase la sangre o un cadáver era considerada como impura. ¡Sangre y muerte eran factores de exclusión! Por esto, las dos mujeres estaban marginadas, excluidas de la participación de la comunidad. También hoy hay categorías de personas que están excluidas o que se sienten excluidas de la participación de la comunidad cristiana. ¿Cuáles son hoy los factores que causan la exclusión, tanto en la Iglesia como en la sociedad?
Marcos describe los dos milagros con imágenes muy vivas. El texto es largo. Durante su lectura, considera que estás en medio de la gente acompañando a Jesús hacia la casa de Jairo. Y mientras caminas en silencio, trata de poner atención a los comportamientos tan variados de las personas que aparecen en la descripción de los dos milagros. Jairo, el padre de la niña, la gente, la mujer que sufre a causa de la hemorragia, los discípulos, la niña. Pregúntate cómo sería tu comportamiento
b) Una división del texto para ayudar a su lectura:
Marcos 5,21-24: El punto de partida: Jairo pierde la hija. Jesús va con él, la gente lo sigue
Marcos 5,25-26: La situación de la mujer que sufre de una hemorragia irregular
Marcos 5,27-28: El razonamiento de la mujer ante Jesús
Marcos 5,29: La mujer consigue su intento y queda curada
Marcos 5,30-32: La reacción de Jesús y los discípulos
Marcos 5,33-34: La conversación entre Jesús y la mujer curada por la fe
Marcos 5,35-36: La conversación entre Jesús y Jairo
Marcos 5,37-40: La llegada a la casa de Jairo y la reacción de la gente
Marcos 5,41-43: La resurrección de la niña
c) El texto:
Evangelio según San Marcos. 5, 21-43. :
21 Jesús pasó de nuevo en la barca a la otra orilla y se aglomeró junto a él mucha gente; él estaba a la orilla del mar.22 Llega uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verle, cae a sus pies, 23 y le suplica con insistencia diciendo: «Mi hija está a punto de morir; ven, impón tus manos sobre ella, para que se salve y viva.» 24 Y se fue con él. Le seguía un gran gentío que le oprimía.
25 Entonces, una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años, 26 y que había sufrido mucho con muchos médicos y había gastado todos sus bienes sin provecho alguno, antes bien, yendo a peor, 27 habiendo oído lo que se decía de Jesús, se acercó por detrás entre la gente y tocó su manto. 28 Pues decía: «Si logro tocar aunque sólo sea sus vestidos, me salvaré.» 29Inmediatamente se le secó la fuente de sangre y sintió en su cuerpo que quedaba sana del mal. 30 Al instante Jesús, dándose cuenta de la fuerza que había salido de él, se volvió entre la gente y decía: «¿Quién me ha tocado los vestidos?» 31 Sus discípulos le contestaron: «Estás viendo que la gente te oprime y preguntas: `¿Quién me ha tocado?'» 32 Pero él miraba a su alrededor para descubrir a la que lo había hecho.33 Entonces, la mujer, viendo lo que le había sucedido, se acercó atemorizada y temblorosa, se postró ante él y le contó toda la verdad. 34 Él le dijo: «Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda curada de tu enfermedad.»
35 Mientras estaba hablando llegan de la casa del jefe de la sinagoga unos diciendo: «Tu hija ha muerto; ¿a qué molestar ya al Maestro?» 36 Jesús, que oyó lo que habían dicho, dice al jefe de la sinagoga: «No temas; solamente ten fe.» 37 Y no permitió que nadie le acompañara, a no ser Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. 38 Llegan a la casa del jefe de la sinagoga y observa el alboroto, unos que lloraban y otros que daban grandes alaridos.39 Entra y les dice: «¿Por qué alborotáis y lloráis? La niña no ha muerto; está dormida.» 40 Y se burlaban de él. Pero él, después de echar fuera a todos, toma consigo al padre de la niña, a la madre y a los suyos, y entra donde estaba la niña. 41 Y tomando la mano de la niña, le dice: «Talitá kum», que quiere decir: «Muchacha, a ti te digo, levántate.» 42 La muchacha se levantó al instante y se puso a andar, pues tenía doce años. Quedaron fuera de sí, llenos de estupor. 43 Y les insistió mucho en que nadie lo supiera; y les dijo que le dieran a ella de comer.
Palabra del Señor
3. Un momento de silencio orante
para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida.
  Continúa

viernes, 27 de junio de 2014

Lectio Divina: Sábado, 28 de Junio, 2014: Evangelio según San Lucas 2,42-45. : (Fiesta del Inmaculado Corazón de Jesús - 12ª Semana del Tiempo Ordinario - Ciclo A -)

Lectio Divina: 
 
Sábado, 28 Junio, 2014  
(Fiesta del Inmaculado Corazón de Jesús - Ciclo A -)
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1.     ORACIÓN

Oh Dios, que has preparado una digna morada del Espíritu Santo en el corazón de la Bienaventurada Virgen María, concédenos también a nosotros , tus fieles, por su intercesión ser templos vivos de tu gloria. Por nuestro Señor...

2.     LECTURA

Del evangelio según San Lucas 2,42-45
41Sus padres iban todos los años a Jerusalén a la fiesta de la Pascua. 42Cuando él tenía doce años, subieron ellos , como de costumbre, a la fiesta. 43Y, mientras volvían, pasados los días, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres. 44Creyendo ellos que iría con la caravana, hicieron un día de camino y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos. 45Pero , al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén en su busca. 46Al cabo de tres días le encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándole y haciéndole preguntas. 47Y todos los que le oían estaban estupefactos por su inteligencia y por sus respuestas. 48Al verlo se quedaron sorprendidos, y su madre le dijo: «Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados te buscábamos».49Y él les respondió: «¿Por qué me buscábais? ¿No sabéis que debo ocuparme en las cosas de mi Padre?». 50Pero ellos no comprendieron la respuesta que les dio.
51Bajó con ellos y vino a Nazaret y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba todas estas cosas en su corazón.
Palabra del Señor

3. MEDITACIÓN

* “Cada año por la fiesta da Pascua”. Estas palabras nos ayudan a definir mejor el contexto espiritual en el que el texto se desarrolla, y de este modo se convierten , para nosotros, en la puerta de entrada en el misterio, en el encuentro con el Señor y con su obra de gracia y de misericordia sobre nosotros.
Junto a María y José, junto a Jesús, también nosotros podemos vivir el don de una nueva Pascua, de un “paso”, una superación, un movimiento espiritual que nos lleva “a la otra parte”, a más allá de. El paso es claro y fuerte; lo intuímos siguiendo a la Virgen María en esta experiencia suya con el Hijo Jesús. Es el paso de la calle al corazón, de la dispersión a la interioridad, de la angustia a la pacificación.
A nosotros nos queda ponernos en camino, descender también en el camino y unirnos a la caravana, a la comitiva de los peregrinos que están saliendo hacia Jerusalén para la celebración de la fiesta de Pascua.
* “Iban”.Este es sólo el primero de una larga serie de verbos de movimiento, que se suceden a lo largo de los versos de este texto. Quizá puede ayudarnos el fijarlos con un poco de atención: “ salieron”; “volvían”; “comitiva” ( del latín cum-ire: “caminar juntos”); “viaje”; “volvieron”; “bajó con ellos”; “vino”.
En paralelo con este gran movimiento físico, hay también un profundo movimiento espiritual, caracterizado por el verbo “buscar”, expresado de modo repetido: “ se pusieron a buscarlo”; “se volvieron en su busca”; “angustiados te buscábamos”; “ ¿por qué me buscábais?”.
Esto nos hace comprender que el viaje, el verdadero recorrido al que esta Palabra del Señor nos invita, no es un viaje físico sino espiritual; es un viaje de búsqueda de Jesús, de su presencia en nuestra vida. Es esta la dirección en la que debemos movernos, junto con María y José.
* “Se pusieron a buscarlo”. Una vez que hemos determinado el núcleo central del texto, su mensaje fundamental, es importante que nos abramos a una comprensión más profunda de esta realidad. También porque Lucas usa dos verbos diferentes para expresar la “búsqueda”: el primero – anazitéo- en los vv. 44 y 45, que indica una búsqueda esmerada, repetida, atenta, como de quien pasa revista a algo, de abajo a arriba; y el segundo- zitéo- en los vv. 48 y 49, que indica la búsqueda de algo que se ha perdido y que se quiere encontrar. Jesús es el objeto de todo este movimiento profundo e interior del ser; es el objeto del deseo, del anhelo del corazón...
* “angustiados”. Resulta muy hermoso ver cómo María abre su corazón delante de Jesús, contándole todo lo que ha visto, todo lo que ha sentido dentro de sí. Ella no teme desnudarse ante su Hijo, no teme contarle sus sentimientos y la experiencia que le ha marcado en lo profundo. Pero ¿qué es la angustia, este dolor que ha visitado a María y a José en la búsqueda de Jesús, que se había perdido? El término que encontramos viene usado sólo cuatro veces en todo el Nuevo Testamento y siempre por Lucas. Lo encontramos en boca del rico Epulón, que lo repite hablando de sí, ahora en el infierno, lejos de Dios, cuando dice: “Sufro terriblemente” (Lc 16, 24-25). Y después vuelve en los Hechos de los Apóstoles, cuando Lucas narra la partida de Pablo de Éfeso y nos presenta el dolor de aquella separación: “ sabían que no volverían a verlo más” ( Hech 20, 38). Por tanto, la angustia que prueba a María nace precisamente de la separación, de la ausencia, de la lejanía de Jesús. Cuando él no está, desciende la angustia a nuestro corazón. Volverlo a encontrar es el único modo posible de recuperar la alegría de vivir.
* “guardaba todas estas cosas en su corazón”. María no comprende la palabra de Jesús, el misterio de su vida y de su misión y por esto calla, acoge, crea espacio, desciende al corazón. Este es el verdadero recorrido de crecimiento en la fe y en la relación con el Señor.
Todavía Lucas nos ofrece un verbo muy hermoso y significativo, un compuesto del verbo “custodiar”-diá-tiréo, que quiere decir literalmente “custodiar a través de”. Es decir, la operación espiritual que María realiza dentro de sí y que nos entrega, como don precioso, como herencia buena para nuestra relación con el Señor, es aquella que nos conduce en un recorrido intenso, profundo, que no se para en la superficie o a la mitad, que no se vuelve hacia atrás sino que va hasta el fondo. María nos toma de la mano y nos guía a través de todo nuestro corazón, todos sus sentimientos, su experiencia. Y ahí, en el secreto de nosotros mismos, en nuestro interior, aprenderemos a encontrar al Señor Jesús, al que quizá habíamos perdido.

4. ALGUNAS PREGUNTAS

* Esta Palabra del Señor, en su simplicidad, es también muy clara ,muy directa. La invitación a salir, a tomar parte en la fiesta de Pascua está dirigida también a mí. ¿Me decido, entonces, a levantarme, a ponerme en movimiento, a afrontar el tramo de camino que el Señor pone delante de mí? Y más: ¿acepto entrar a formar parte de la comitiva de aquellos que han optado en su corazón por el santo viaje?
* ¿Siento como mía la experiencia de la búsqueda del Señor? ¿O bien no me parece importante, no siento la falta, me parece poder hacerlo todo por mí? ¿Me he percatado en mi vida alguna vez de haber perdido al Señor, de haberlo dejado lejos, de haberlo olvidado?
* La angustia, de la que habla María, ¿ha sido alguna vez mi compañera de viaje, presencia triste en mi jornada, o en periodos largos de mi vida? Quizá sí. Descubrir, gracias a esta Palabra, que la angustia viene provocada por la ausencia del Señor, por la pérdida de él, ¿me es de ayuda, me ofrece una luz, una clave de lectura para mi vida?
* ¿La vida del corazón, que María traza con tanta claridad ante mí, hoy, me parece que se puede recorrer?
¿Deseo empeñarme en este desafío, conmigo mismo, con el ambiente que me circunda, quizá con quien vive más cerca de mí? ¿Estoy dispuesto a optar por descender un poco más en profundidad, para aprender a “custodiar a través de”, es decir, hasta el fondo, conmigo mismo totalmente? ¿Para mí el Señor y la relación con él es muy importante, muy involucradora? ¿Es el, sí o no, el Amigo precioso, la Presencia más querida a la que quiero abrir de par en par mi corazón...?

5. ORACIÓN FINAL

Mi corazón exulta en el Señor, mi salvador.
Mi corazón se regocija por el Señor,
mi poder se exalta por Dios;
mi boca se ríe de mis enemigos,
porque gozo con tu salvación.
Se  rompen los arcos de los valientes,
mientras los cobardes se ciñen de valor.
Los hartos se contratan por el pan,
mientras los hambrientos engordan;
la mujer estéril da a luz siete hijos,
mientras la madre de muchos queda baldía.
El Señor da la muerte y la vida,
hunde en el abismo y levanta;
da la pobreza y la riqueza,
humilla y enaltece.
Él levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre,
para hacer que se siente entre príncipes
y que herede un trono de gloria.
(Cántico de Ana, 1 Samuel 2, 1-8)

viernes, 28 de junio de 2013

Lectio Divina : Viernes, 28 de Junio, 2013 : Evangelio según san Mateo 8, 1-4. : (12ª Semana del Tiempo Ordinario - Ciclo C -)



Lectio Divina : 
 
Viernes, 28 Junio, 2013  
Tiempo Ordinario
  
1) Oración inicial
Concédenos vivir siempre, Señor, en el amor y respeto a tu santo nombre, porque jamás dejas de dirigir a quienes estableces en el sólido fundamento de tu amor. Por nuestro Señor.

2) Lectura
Del santo Evangelio según Mateo 8,1-4
Cuando bajó del monte, fue siguiéndole una gran muchedumbre. En esto, un leproso se acercó y se postró ante él, diciendo: «Señor, si quieres puedes limpiarme.» Él extendió la mano, le tocó y dijo: «Quiero, queda limpio.» Y al instante quedó limpio de su lepra. Y Jesús le dice: «Mira, no se lo digas a nadie, sino vete, muéstrate al sacerdote y presenta la ofrenda que prescribió Moisés, para que les sirva de testimonio.» 
Palabra del Señor

3) Reflexión
• En los capítulos de 5 a 7 oímos las palabras de la nueva Ley proclamada por Jesús en lo alto de la Montaña. Ahora en los capítulos 8 y 9, Mateo muestra como Jesús practicaba aquello que acababa de enseñar. En los evangelios de hoy (Mt 8,1-4) y de mañana (Mt 8,5-17), vamos a ver de cerca los siguientes episodios que revelan como Jesús sanaba: la curación de un leproso (Mt 8,1-4), la curación del siervo del centurión romano (Mt 8,5-13), la curación de la suegra de Pedro (Mt 8,14-15) y la curación de numerosos enfermos (Mt 8,14-17).
• Mateo 8,1-2: El leproso pide: “¡Señor, si quieres puedes limpiarme!” Un leproso llega cerca de Jesús. Era un excluido. Quien le tocaba quedaba impuro. Por esto, los leprosos debían ser alejados (Lv 13,45-46). Pero aquel leproso tiene mucho valor. Transgredió las normas de la religión para poder entrar en contacto con Jesús. al llegar cerca, dice: ¡Si quieres, puedes limpiarme! O sea: no precisas tocarme. Basta con que el Señor lo quiera, para que yo quede limpio.” Esta frase revela dos enfermedades: 1) la enfermedad de la lepra que lo volvía impuro; 2) la enfermedad de la soledad a la que era condenado por la sociedad y por la religión. Revela asimismo la gran fe de ese hombre en el poder de Jesús.
• Mateo 8,3: Jesús lo toca y dice: ¡Quiero! Sé purificado. Profundamente compadecido, Jesús cura las dos enfermedades. Primero para curar la soledad, antes de decir cualquier palabra, toca al leproso. Es como si dijera: “Para mí, tú no eres un excluido. No tengo miedo en quedarme impuro si te toco. ¡Te acojo como hermano!” Luego cura la lepra diciendo: ¡Quiero! ¡Queda limpio! El leproso, para poder entrar en contacto con Jesús, había transgredido las normas de la ley. Asimismo, Jesús para poder ayudar a aquel excluido y, así, revelar un nuevo rostro de Dios, transgrede las normas de su religión y toca al leproso.
• Mateo 8,4: Jesús ordena al hombre que vaya a conversar con los sacerdotes. En aquel tiempo, para que un leproso fuera admitido en la comunidad, necesitaba tener un certificado de curación confirmado por un sacerdote. Es como hoy. El enfermo sale del hospital solamente si tiene un certificado de alta firmado por el médico. Jesús obliga al fulano a que busque el documento, para poder convivir con normalidad. Obligó a las autoridades a que reconocieran que el hombre había sido curado. Jesús no solamente cura, sino que quiere que la persona curada pueda convivir. Reintegra a la persona en la convivencia fraterna. El evangelio de Marcos añade que el hombre no se presentó a los sacerdotes. Por el contrario “el hombre en cuanto salió, empezó a hablar y a contar detalladamente todo el asunto. Resultó que Jesús ya no podía entrar públicamente en el pueblo; tenía que andar por las afuera, en lugares apartados (Mc 1,45). ¿Por qué Jesús no podía entrar ya públicamente en una ciudad? Había tocado al leproso y ante las autoridades religiosas y ante la ley de la época se había vuelto impuro. Por eso, ahora, Jesús mismo era un impuro y tenía que ser alejado de todos. No podía entrar en las ciudades. Pero Marcos muestra que a la gente poco le importaban estas normas oficiales, pues ¡de todas parte venían donde Jesús! ¡Subversión total! El recado que Marcos nos da es éste: para anunciar la Buena Nueva de Dios a la gente, no hay que tener miedo a transgredir las normas religiosas que son contrarias al proyecto de Dios y que impiden la fraternidad y la vivencia del amor. Aunque esto traiga dificultades para la gente, como le ocurrió a Jesús.
• En Jesús, todo es revelación de aquello que ¡lo anima por dentro! El no sólo anuncia la Buena Nueva del Reino. El mismo es una muestra, un testimonio vivo del Reino, una revelación de Dios. En el aparece aquello que acontece cuando un ser humano deja reinar a Dios, le deja ser el centro de su vida.

4) Para la reflexión personal
• En nombre de la Ley de Dios, los leprosos eran excluidos, no podían convivir. En nuestra Iglesia existen costumbres y normas no escritas que, hasta hoy, marginan a las personas y las excluyen de la convivencia y de la comunión. ¿Conoces a personas así? ´¿Qué opinas con relación a esto?
• Jesús tuvo el valor de tocar al leproso. ¿Tú tendrías ese valor?
5) Oración final
Bendeciré en todo tiempo a Yahvé,
sin cesar en mi boca su alabanza;
en Yahvé se gloría mi ser,
¡que lo oigan los humildes y se alegren! (Sal 34,2-3)