UNA NUEVA PRIMAVERA ESPIRITUAL


«Si se promueve la lectio divina con eficacia, estoy convencido de que producirá una nueva primavera espiritual en la Iglesia… La lectura asidua de la Sagrada Escritura acompañada por la oración permite ese íntimo diálogo en el que, a través de la lectura, se escucha a Dios que habla, y a través de la oración, se le responde con una confiada apertura del corazón… No hay que olvidar nunca que la Palabra de Dios es lámpara para nuestros pasos y luz en nuestro camino»

Benedicto XVI, 16 septiembre 2005


HISTORIA Y PASOS DE LA LECTIO DIVINA




INVOCACIÓN AL ESPÍRITU SANTO





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martes, 22 de septiembre de 2015

Lectio Divina: Martes, 22 de Septiembre, 2015: Evangelio según san Lucas 8,19-21. (25ª Semana del Tiempo durante el Año - Ciclo B -)



Lectio Divina: 
 
Martes, 22 Septiembre, 2015 

1) Oración inicial
¡Oh Dios!, que has puesto la plenitud de la ley en el amor a ti y al prójimo; concédenos cumplir tus mandamientos para llegar así a la vida eterna. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del Evangelio según Lucas 8,19-21
Se le presentaron su madre y sus hermanos, pero no podían llegar hasta él a causa de la gente. Le avisaron: «Tu madre y tus hermanos están ahí fuera y quieren verte.» Pero él les respondió: «Mi madre y mis hermanos son aquellos que oyen la palabra de Dios y la cumplen.»
Palabra del Señor

3) Reflexión
• El evangelio de hoy nos habla del episodio en que los padres de Jesús, inclusive su madre, quisieron conversar con é, pero Jesús no les presta atención. Jesús tuvo problemas con la familia. A veces, la familia ayuda a vivir mejor y a participar en la comunidad. Otras veces, dificulta esa convivencia. Así fue para Jesús, y así es para nosotros.
• Lucas 8,19-20: La familia busca a Jesús. Los parientes llegan a la casa donde estaba Jesús. Probablemente habían venido de Nazaret. De allí a Cafarnaúm hay sólo unos 40 km. Su madre estaba con ellos. No entran, pues había mucha gente, pero le mandan un recado: “Tu madre y tus hermanos están fuera ahí fuera, y quieren verte". Según el evangelio de Marcos, los parientes no quieren ver a Jesús. Ellos quieren llevárselo y traérselo para casa (Mc 3,32). Pensaban que Jesús se había vuelto loco (Mc 3,21). Probablemente, tenían miedo, pues según nos informa la historia, la vigilancia de parte de los romanos con relación a todos los que de una forma o de otro tenían un cierto liderazgo popular, era enorme (cf. He 5,36-39). En Nazaret, en la sierra, estaría más al seguro que en la ciudad de Cafarnaúm.
• Lucas 8,21: La respuesta de Jesús. La reacción de Jesús es firme:"Mi madre y mis hermanos son los que oyen la Palabra de Dios, y la ponen en práctica." En Marcos, la reacción de Jesús es más concreta. Marcos dice: “Entonces Jesús miró hacia las personas que estaban sentadas a su alrededor y dijo: Aquí están mi madre y mis hermanos. Aquel que hace la voluntad de Dios, éste es mi hermano, mi hermana y mi madre" (Mc 3,34-35). ¡Jesús ensancha la familia! No permite que la familia lo aleje de la misión: ni la familia (Jn 7,3-6), ni Pedro (Mc 8,33), ni los discípulos (Mc 1,36-38), ni Herodes (Lc 13,32), ni nadie (Jn 10,18).
• Es la palabra la que crea la nueva familia alrededor de Jesús: "Mi madre y mis hermanos son aquellos que escuchan la Palabra de Dios, y la ponen en práctica.". Un buen comentario de este episodio es lo que dice el evangelio de Juan en el prólogo: “En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por ella, y el mundo no la conoció. Vino a los suyos, y los suyos no la recibieron. Pero a todos los que la recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen en su nombre; los cuales no nacieron de sangre, ni de deseo de carne, ni de deseo de hombre sino que nacieron de Dios. Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Unigénito, lleno de gracia y de verdad” (Jn 1,10-14). La familia, los parientes, no entendieron a Jesús (Jn 7,3-5; Mc 3,21), no hacen parte de la nueva familia. Hacen parte de la nueva comunidad sólo aquellos y aquellas que reciben la Palabra, esto es, que creen en Jesús. Estos nacen de Dios y forman la Familia de Dios.
• La situación de la familia en el tiempo de Jesús. En el tiempo de Jesús, tanto la coyuntura política, social y económica como la ideología religiosa, todo conspiraba para el enflaquecimiento de los valores centrales del clan, de la comunidad. La preocupación con los problemas de la propia familia impedía que las personas se uniesen en comunidad. Ahora, para que el Reino de Dios pudiera manifestarse, de nuevo, en la convivencia comunitaria de la gente, las personas tenían que superar los límites estrechos de la pequeña familia y abrirse a la gran familia, a la Comunidad. Jesús dio el ejemplo. Cuando su familia trató de apoderarse de él, reaccionó y ensanchó la familia (Mc 3,33-35). Creó comunidad.
• Los hermanos y las hermanas de Jesús. La expresión “hermanos y hermanas de Jesús” es causa de mucha polémica entre católicos y protestantes. Basándose en éste y en otros textos, los protestantes dicen que Jesús tenía más hermanos y que María tenía más hijos. Los católicos dicen que María no tuvo más hijos. ¿Qué pensar de esto? En primer lugar, las dos posiciones, tanto de los católicos como de los protestantes, ambas tienen argumentos sacados de la Biblia y de la Tradición de sus respectivas iglesias. Por esto, no conviene pelearse ni discutir esta cuestión con argumentos sólo de la cabeza. Pues se trata de convicciones profundas, que tienen que ver con la fe y con los sentimientos de ambos. El argumento sólo de la cabeza no consigue deshacer una convicción del corazón. ¡Apenas irrita y aleja! Aún cuando no concuerdo con la opinión del otro, tengo que respetarla siempre. En segundo lugar, en vez de discutir alrededor de textos, nosotros todos, católicos y protestantes, deberíamos unirnos bien para luchar en defensa de la vida, creada por Dios, vida tan desfigurada por la pobreza, por la injusticia, por la falta de fe. Deberíamos recordar alguna que otra frase de Jesús: “He venido para que todos tengan vida, y la tengan en abundancia”(Jn 10,10). “Que todos sean uno, para que el mundo crea que Tú, Padre, me has enviado”(Jn 17,21). “¡No se lo impidáis! Quien no está en contra está a favor nuestro”(Mc 10,39.40).

4) Para la reflexión personal
• La familia ¿ayuda o dificulta tu participación en la comunidad cristiana?
• ¿Cómo asumes tu compromiso en la comunidad cristiana sin perjudicar ni la familia ni la comunidad?


5) Oración final
Enséñame, Yahvé, el camino de tus preceptos,
lo quiero recorrer como recompensa.
Dame inteligencia para guardar tu ley
y observarla de todo corazón. (Sal 119,33-34)

domingo, 22 de septiembre de 2013

Lectio Divina : Domingo, 22 de Septiembre, 2013 : Evangelio según San Lucas 16, 1-13. : (25ª Semana del Tiempo Ordinario - Ciclo C -)


Lectio Divina : 
Domingo, 22 Septiembre, 2013  

La parábola del administrador infiel

La fidelidad a Dios como único Señor

1. Oración inicial
Señor, Padre mío, hoy coloco delante de ti mi debilidad, mi vergüenza, mi lejanía; no escondo mi deshonestidad e infidelidad, porque tú todo lo conoces y lo ves, hasta el fondo, con los ojos de tu amor y de tu compasión. Te ruego, buen médico, derrama sobre mi herida el ungüento de tu Palabra, de tu voz que me habla, me llama y me amaestra. No me quites tu don, que es el Espíritu Santo: deja que sople sobre mí, como aliento de vida, de los cuatro vientos; que me cubra como lengua de fuego y que me inunde como agua de salvación; envíalo para mí de tus cielos santos, como columna de verdad, que me anuncie también para hoy, que tú eres y me esperas, me tomas de nuevo contigo, después de todo, como al primer día, cuando tú me plasmaste, me creaste y me llamaste.
2. Lectura
a) Para colocar el pasaje en su contexto:
Esta perícopa evangélica pertenece a la gran sección del relato de Lucas que comprende todo el largo viaje de Jesús hacia Jerusalén; se abre con Lucas 9, 51 para terminar en Lucas 19, 27. Esta sección, a su vez, está subdividida en tres partes, casi tres etapas del viaje de Jesús, cada una de la cuales se introduce con una anotación casi de repetición: “Jesús se dirigió decididamente hacia Jerusalén” (9, 51); “Pasaba por ciudades y aldeas enseñando, mientras caminaba hacia Jerusalén” (13,22); “Durante el viaje hacia Jerusalén, Jesús atravesó la Samaría y la Galilea” ( 17,11); para llegar a la conclusión del 19,28: “Dichas estas cosas Jesús siguió adelante subiendo hacia Jerusalén”, cuando Jesús entra en la Ciudad.
Nos encontramos en la segunda parte, que va desde 13, 22 a 17,10 y que se compone de diversas enseñanzas, que Jesús ofrece a sus interlocutores: la gente, los fariseos, los escribas, los discípulos. En esta unidad, Jesús está dialogando con sus discípulos y les propone una parábola, para indicar cual debe ser el correcto uso de los bienes de este mundo y cómo debe ser la administración concreta de la propia vida, sumergida en una relación filial con Dios. Siguen tres aplicaciones secundarias de la misma parábola en situaciones diversas, que ayudan al discípulo a dejar espacio a la vida nueva en el Espíritu, que el Padre ofrece.
b) Para ayudar a la lectura del pasaje:
vv. 1-8: Jesús expone la parábola del administrador sabio y sagaz: un hombre, acusado por su excesiva avidez, de alguna manera ya insostenible, se encuentra en un momento decisivo y difícil de su vida, pero consigue utilizar todos sus recursos humanos para convertir en bien su clamoroso fallo. Como este hijo del mundo ha sabido discernir sus intereses, así también lo hijos de la luz deben aprender a discernir la voluntad de amor y de don del Padre a ellos para vivir como Él.
v.9: Jesús quiere hacer comprender que también la riqueza deshonesta e injusta, que es la de este mundo, si se utiliza para el bien, en el don , conduce a la salvación.
vv. 10-12: Jesús explica que los bienes de este mundo no están condenados, sino que hay que estimarlos por el valor que tienen. Se llaman “mínimos”, son “el poco” de nuestra vida, pero estamos llamados a administrarlos con fidelidad y atención, porque son medios para entrar en comunión con los hermanos y por tanto con el Padre.
v. 13: Jesús ofrece una enseñanza fundamental: hay un sólo y único fin en nuestra vida y es Dios, el Señor. Buscar y servir otra cualquier realidad significa convertirse en esclavos, atarse a engaños y morir ya desde ahora.
c) El texto:
Evangelio según San Lucas 16, 1-13.
1 Decía también a sus discípulos: «Había un hombre rico que tenía un administrador a quien acusaron ante él de malbaratar su hacienda. 2 Le llamó y le dijo: `¿Qué oigo decir de ti? Dame cuenta de tu administración, porque ya no seguirás en el cargo.' 3 Se dijo entre sí el administrador: `¿Qué haré ahora que mi señor me quita la administración? Cavar, no puedo; mendigar, me da vergüenza. 4 Ya sé lo que voy a hacer, para que cuando sea destituido del cargo me reciban en sus casas.'
5 «Y llamando uno por uno a los deudores de su señor, dijo al primero: `¿Cuánto debes a mi señor?' 6 Respondió: `Cien medidas de aceite.' Él le dijo: `Toma tu recibo, siéntate en seguida y escribe cincuenta.' 7 Después dijo a otro: `Tú, ¿cuánto debes?' Contestó: `Cien cargas de trigo.' Dícele: `Toma tu recibo y escribe ochenta.'
8 «El señor alabó al administrador injusto porque había obrado con sagacidad, pues los hijos de este mundo son más sagaces con los de su clase que los hijos de la luz.
9 «Yo os digo: Haceos amigos con el dinero injusto, para que, cuando llegue a faltar, os reciban en las eternas moradas. 10 El que es fiel en lo insignificante, lo es también en lo importante; y el que es injusto en lo insignificante, también lo es en lo importante. 11 Si, pues, no fuisteis fieles en el dinero injusto, ¿quién os confiará lo verdadero? 12 Y si no fuisteis fieles con lo ajeno, ¿quién os dará lo vuestro?

13 «Ningún criado puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se dedicará a uno y desdeñará al otro. No podéis servir a Dios y al dinero.»
Palabra del Señor

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