UNA NUEVA PRIMAVERA ESPIRITUAL
«Si se promueve la lectio divina con eficacia, estoy convencido de que producirá una nueva primavera espiritual en la Iglesia… La lectura asidua de la Sagrada Escritura acompañada por la oración permite ese íntimo diálogo en el que, a través de la lectura, se escucha a Dios que habla, y a través de la oración, se le responde con una confiada apertura del corazón… No hay que olvidar nunca que la Palabra de Dios es lámpara para nuestros pasos y luz en nuestro camino»
Benedicto XVI, 16 septiembre 2005
INVOCACIÓN AL ESPÍRITU SANTO
Lectio Divina : Bautismo del Señor
Domingo 10 de Enero 2010
San Marcos 1,7-11

Bautismo del Señor
Inmersos en Cristo,
conscientes del don recibido,
enviados en el mundo
1. Oración inicial
Espíritu Santo que aleteabas en las aguas de la creación y has guiado los pasos de Moisés en el desierto, ven hoy sobre nosotros y sumérgenos en tí, para que nuestros pasos y sentimientos sean orientados hacia Cristo, en la escucha de su Palabra.
Mora en nosotros, Espíritu del Padre, y guíanos a la verdad de nosotros mismos y al conocimiento del Hijo de Dios que nos redime y y nos hace ser una sola cosa con él, para que en nosotros pueda también el Padre complacerse.
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Lectio Divina : Epifanía del Señor:
Mercoledí 6 de Enero 2010
San Mateo 2,1-12
Visita de los Reyes de Oriente
1. En silencio delante de Dios
La escucha orante de la Palabra exige atención, exige que tu escuchar esté orientado a Dios sólo, con toda la disponibilidad de la que es capaz tu corazón. La calidad de la oración depende mucho de la atención que pongamos. Se ha dicho que la atención es “la esencia de la oración”. Si tu búsqueda de Dios es sincera, honesta, correcta, no podrás menos que encontrar a Dios. Hoy, en este domingo en el que Dios se manifiesta como luz de los hombres, queremos pedir al Señor “la pasión de escucharlo” con las palabras de la Beata Isabel de la Trinidad: “¡Oh Verbo eterno!, Palabra de mi Dios, quiero pasar mi vida escuchándote, quiero hacerme toda docilidad para aprender todo de Vos. Luego, a través de todas las noches, todos los vacíos, todas las impotencias, quiero estar siempre pendiente de Vos y permanecer bajo vuestra gran Luz” (Elevación a la Santísima Trinidad, 21 noviembre 1904) Continuar a leer...