Lectio Divina :
Domingo, 24 Octubre, 2010
Evangelio según san Lucas 18, 9-14.
30º Domingo del Tiempo Ordinario
La parábola del fariseo y del publicano
¿Dónde pongo la base de mi seguridad?
¿Dónde pongo la base de mi seguridad?
1. Oración inicial
Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz, que parecía ser el final de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de vida y resurrección.
Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotr
os, como los discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos a Ti, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu. Amén.
Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz, que parecía ser el final de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de vida y resurrección.
Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotr
2. Lectura
a) Clave de lectura:
EL Evangelio de este domingo nos coloca delante la parábola del fariseo y del publicano (Lc 18, 9-14). La dos parábola nos demuestran que Jesús tenía una forma diferente de ver las cosas de la vida y de la oración. Conseguía ver una revelación de Dios allí donde otros veían sólo una ruina. Ve algo positivo en el publicano, de quien todos decían: “¡No sabe rezar!”. Jesús vivía de tal modo unido al Padre por medio de la oración, que para Él todo se convertía en una expresión de oración.
Hoy las personas sencillas del pueblo que dicen que no saben rezar, saben hablar con Jesús, expresando su devoción y oración.
Durante la lectura intentemos poner atención a las dos siguientes cuestiones: ¿Cuál es el objetivo y cuáles son los destinatarios de la parábola? ¿Cuáles son las conductas de las personas que aparecen en la parábola?
Hoy las personas sencillas del pueblo que dicen que no saben rezar, saben hablar con Jesús, expresando su devoción y oración.
Durante la lectura intentemos poner atención a las dos siguientes cuestiones: ¿Cuál es el objetivo y cuáles son los destinatarios de la parábola? ¿Cuáles son las conductas de las personas que aparecen en la parábola?
b) Una división del texto para ayudarnos en su lectura:
Lucas 18,9: Los destinatarios de la parábola
Lucas 18,10: Introducción al tema de la parábola
Lucas 18,11-12: Describe cómo reza el fariseo
Lucas 18,13: Describe cómo reza el publicano
Lucas 18,14: Jesús da su opinión sobre los dos
Lucas 18,10: Introducción al tema de la parábola
Lucas 18,11-12: Describe cómo reza el fariseo
Lucas 18,13: Describe cómo reza el publicano
Lucas 18,14: Jesús da su opinión sobre los dos
c) Texto:
Evangelio según san Lucas 18,1-14
9 A algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás les dijo esta parábola: 10 «Dos hombres subieron al templo a orar; uno fariseo, otro publicano. 11 El fariseo, de pie, oraba en su interior de esta manera: `¡Oh Dios! Te doy gracias porque no soy como los demás hombres, rapaces, injustos, adúlteros, ni tampoco como este publicano. 12 Ayuno dos veces por semana, doy el diezmo de todas mis ganancias.' 13 En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se atrevía ni a alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: `¡Oh Dios! ¡Ten compasión de mí, que soy pecador!' 14 Les digo que éste bajó a su casa justificado y aquél no. Porque todo el que se ensalce será humillado; y el que se humille será ensalzado.»
Palabra del Señor
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