UNA NUEVA PRIMAVERA ESPIRITUAL


«Si se promueve la lectio divina con eficacia, estoy convencido de que producirá una nueva primavera espiritual en la Iglesia… La lectura asidua de la Sagrada Escritura acompañada por la oración permite ese íntimo diálogo en el que, a través de la lectura, se escucha a Dios que habla, y a través de la oración, se le responde con una confiada apertura del corazón… No hay que olvidar nunca que la Palabra de Dios es lámpara para nuestros pasos y luz en nuestro camino»

Benedicto XVI, 16 septiembre 2005


HISTORIA Y PASOS DE LA LECTIO DIVINA




INVOCACIÓN AL ESPÍRITU SANTO





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jueves, 28 de julio de 2016

Lectio Divina: Jueves, 28 de julio, 2016: Evangelio según san Mateo 13,47-53. (- 17ª Semana del Tiempo durante el Año - Ciclo C -)



Lectio Divina: 
Jueves, 28 Julio, 2016 

1) Oración inicial
¡Oh Dios!, protector de los que en ti esperan; sin ti nada es fuerte ni santo. Multiplica sobre nosotros los signos de tu misericordia, para que, bajo tu guía providente, de tal modo nos sirvamos de los bienes pasajeros que podamos adherirnos a los eternos. Por nuestro Señor.

2) Lectura del Evangelio
Del Evangelio según Mateo 13,47-53
«También es semejante el Reino de los Cielos a una red que se echa en el mar y recoge peces de todas clases; y cuando está llena, la sacan a la orilla, se sientan, y recogen en cestos los buenos y tiran los malos. Así sucederá al fin del mundo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de entre los justos y los echarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. «¿Habéis entendido todo esto?» Dícenle: «Sí.» Y él les dijo: «Así, todo escriba que se ha hecho discípulo del Reino de los Cielos es semejante al dueño de una casa que saca de su arca cosas nuevas y cosas viejas.» Y sucedió que, cuando acabó Jesús estas parábolas, partió de allí.
Palabra del Señor

3) Reflexión
• El evangelio de hoy nos presenta la última parábola del Sermón de las Parábolas: la historia de la red echada en la mar. Esta parábola se encuentra en el evangelio de Mateo, sin ningún paralelo en los tres otros evangelios.

• Mateo 13,47-48: La parábola de la red echada en la mar. "También es semejante el Reino de los Cielos a una red que se echa en el mar y recoge peces de todas clases; y cuando está llena, la sacan a la orilla, se sientan, y recogen en cestos los buenos y tiran los malos.”. La historia contada es bien conocida por la gente de Galilea que vive alrededor del lago. Es su trabajo. La historia refleja el final de un día de trabajo. Los pescadores salen al mar con esta única finalidad: echar la red, tomar muchos peces, llevar la red llena hasta la playa, escoger los peces buenos para llevárselos a casa y tirar los que no sirven. Describe la satisfacción del pescador al final de un día de trabajo pesado y cansado. Esta historia tiene que haber producido una sonrisa de satisfacción en el rostro de los pescadores que escuchaban a Jesús. Lo peor es llegar a la playa al final de un día sin haber pescado nada (Jn 21,3).

• Mateo 13,49-50: La aplicación de la parábola. Jesús aplica la parábola, o mejor da una sugerencia para que las personas puedan discutirla y aplicarla a su vida: “Así sucederá al fin del mundo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de entre los justos y los echarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. «¿Habéis entendido todo esto?» Son imágenes fuertes para describir el destino de aquellos que se separan de Dios o que no quieren saber de Dios. Toda la ciudad tiene un vertedero, un lugar donde tira la basura. Allí existe un fuego permanente que es alimentado diariamente por la nueva basura que se va tirando. La basura de Jerusalén se quedaba en un valle cerca de la ciudad y este lugar se llamaba geena, allí, en la época de los reyes había un horno para sacrificar a los hijos al falso dios Molok. Por esto, el horno de la geena se volvió el símbolo de exclusión y condena. No es Dios quien excluye. Dios no quiere la exclusión ni la condena, sino que todos tengan vida y vida en abundancia. Cada uno de nosotros se excluye a si mismo.

• Mateo 13,51-53: El final del Sermón de las Parábolas. Al final del Sermón de las Parábolas, Jesús termina con la siguiente pregunta: "¿Habéis comprendido todo esto?" Ellos respondieron: “Sí!” Y Jesús termina la explicación con otra comparación que describe el resultado que él quiere obtener con las parábolas:" «Así, todo escriba que se ha hecho discípulo del Reino de los Cielos es semejante al dueño de una casa que saca de su arca cosas nuevas y cosas viejas.». Dos puntos para aclarar:
(a) Jesús compara el doctor de la ley con el padre de familia. ¿Qué hace el padre de familia? El “saca de su arca cosas nuevas y cosas viejas". La educación en casa se hace transmitiendo a los hijos y a las hijas, lo que ellos los padres, han recibido y aprendido a lo largo de los años. Es el tesoro de la sabiduría familiar, donde están encerradas la riqueza de la fe, las costumbres de la vida y tantas otras cosas que los hijos van aprendiendo. Ahora, Jesús quiere que, en la comunidad, las personas responsables de la transmisión de la fe sean como el padre de familia. Así como los padres entienden de la vida en familia, así estas personas responsables de la enseñanza tienen que entender las cosas del Reino y transmitirlas a los hermanos y hermanas de la comunidad.
(b) Se trata de un doctor de la Ley que se vuelve discípulo del Reino. Había pues doctores de la ley que aceptaban a Jesús como revelador del Reino. ¿Que ocurre con un doctor en la hora en que descubre en Jesús al Mesías, hijo de Dios? Todo aquello que él estudió para poder ser doctor de la ley sigue siendo válido, pero recibe una dimensión más profunda y una fidelidad más amplia. Una comparación puede aclarar lo que acabamos de decir. En una ronda de amigos alguien mostró una foto, donde se veía a un hombre de rostro severo, con el dedo levantado, casi agrediendo al público. Todos quedaron con la idea de que se trataba de una persona inflexible, exigente, que no permitía intimidad. En ese momento, llega un joven, ve la foto y exclama: “¡Es mi padre!” Los demás miraron hacia él, y mirando la foto, comentan: ¡Vaya padre severo! Y el chico joven contesta: “¡No, en absoluto! Es muy cariñoso. Mi padre es abogado. Aquella foto fue sacada en el tribunal, en el momento en que denunciaba el crimen de un latifundista que quería desalojar a una familia pobre que moraba en un terreno baldío del ayuntamiento, desde hacía muchos años. ¡Mi padre ganó la causa! Los pobres pudieron quedarse allí donde estaban.” Todos le miraron de nuevo y dijeron: “¡Qué persona más simpática!” Como por un milagro, la fotografía se iluminó por dentro y tomó otro aspecto. Aquel rostro, tan severo adquirió rasgos de una ternura entrañable. Las palabras del hijo cambiaron todo, sin cambiar nada. Las palabras y los gestos de Jesús, nacidas de su experiencia de hijo, sin mudar una letra o una coma, (Mt 5,17-18) iluminaron el sentido del Antiguo Testamento desde dentro e iluminaron por dentro toda la sabiduría acumulada del doctor de la Ley. Dios mismo, que parecía tan distinto y severo, adquirió los rasgos de un Padre bondadoso de gran ternura!

4) Para la reflexión personal
• La experiencia del Hijo ¿ha entrado en ti para cambiarte la mirada y descubrir las cosas de Dios de otra manera?
• ¿Qué te ha revelado el Sermón de las Parábolas sobre el Reino?


5) Oración final
¡Alaba, alma mía, a Yahvé!
A Yahvé, mientras viva, alabaré,
mientras exista tañeré para mi Dios. (Sal 146,1-2)

lunes, 27 de julio de 2015

Lectio Divina: martes, 28 de julio, 2015: Evangelio según san Mateo 13, 36-43.: (17ª Semana del Tiempo durante el Año - Ciclo B -)


Lectio Divina: 
  Martes, 28 Julio, 2015
Tiempo Ordinario

1) Oración inicial
¡Oh Dios!, protector de los que en ti esperan; sin ti nada es fuerte ni santo. Multiplica sobre nosotros los signos de tu misericordia, para que, bajo tu guía providente, de tal modo nos sirvamos de los bienes pasajeros que podamos adherirnos a los eternos. Por nuestro Señor.
2) Lectura
Del Evangelio según Mateo 13,36-43.
Entonces despidió a la multitud y se fue a casa. Y se le acercaron sus discípulos diciendo: «Explícanos la parábola de la cizaña del campo.» Él respondió: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del Reino; la cizaña son los hijos del Maligno; el enemigo que la sembró es el diablo; la siega es el fin del mundo, y los segadores son los ángeles. De la misma manera, pues, que se recoge la cizaña y se la quema en el fuego, así será al fin del mundo. El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, que recogerán de su Reino todos los escándalos y a los obradores de iniquidad, y los arrojarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga.
Palabra del Señor
3) Reflexión
• El evangelio de hoy nos presenta la explicación que Jesús da de la parábola del trigo y la cizaña, cuando los discípulos se lo preguntan. Algunos estudiosos piensan que la explicación que Jesús da a los discípulos, no es de Jesús, sino que es de la comunidad. Es posible y es probable, pues una parábola, por su propia naturaleza, pide la implicación y la participación de las personas en el descubrimiento del sentido. Así como la planta ya está dentro de su semilla, así, en cierto modo, la explicación de la comunidad, ya está dentro de la parábola. Y es exactamente éste el objetivo que Jesús quería y que quiere alcanzar con la parábola. El sentido que hoy nosotros vamos a descubrir en la parábola que Jesús contó hace dos mil años atrás ya estaba implícito en la historia que Jesús contó, como la flor está ya dentro de su semilla.
• Mateo 13,36: Los discípulos piden la explicación de la parábola del trigo y de la cizaña. Los discípulos, en casa, conversan con Jesús y piden una explicación de la parábola del trigo y de la cizaña (Mt 13,24-30). Varias veces se informa de que Jesús, en casa, seguía enseñando a los discípulos (Mc 7,17; 9,28.33; 10,10). En aquel tiempo no había televisión y en las largas horas de espera, por las noches, la gente se reunía para conversar y para tratar asuntos de la vida. Jesús hacía lo mismo. Era en estas ocasiones que él contemplaba la enseñanza y la formación de los discípulos.
• Mateo 13,38-39: El significado de cada uno de los elementos de la parábola. Jesús responde retomando cada uno de los seis elementos de la parábola y les da un sentido: el campo es el mundo; la buena semilla son los miembros del Reino; la cizaña son los miembros del adversario (maligno); el enemigo es el diablo; la siega es el fin de los tiempos; los segadores son los ángeles. Ahora haz tú la experiencia leyendo de nuevo la parábola (Mt 13,24-30) colocando el sentido cierto en cada uno de los seis elementos: campo, buena semilla, cizaña, enemigo, siega y segadores. Y así la historia toma un sentido totalmente diferente y tú alcanzas el objetivo que Jesús tenía en mente al contar a la gente esta historia del trigo y de la cizaña. Algunos piensan que esta parábola debe ser entendida como una alegoría y no como una parábola propiamente dicha.
• Mateo 13,40-43: La aplicación de la parábola o de la alegoría. Con estas informaciones dadas por Jesús tú entenderás la aplicación que él da: De la misma manera, pues, que se recoge la cizaña y se la quema en el fuego, así será al fin del mundo. El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, que recogerán de su Reino todos los escándalos y a los obradores de iniquidad, y los arrojarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre.
El destino de la cizaña es el horno, el destino del trigo bueno es brillar como el sol en el Reino de los Cielos. Por detrás de estas dos imágenes está la experiencia de las personas. Después de que escucharon a Jesús y lo aceptaron en sus vidas, todo cambió para ellas. El fin llegó. Es decir, en Jesús llegó aquello que, en el fondo, todos esperaban: la realización de las promesas. Ahora la vida se divide en antes y después de que escucharon y aceptaron a Jesús en sus vidas. La nueva vida comenzó como el brillar del sol. Si hubiesen continuado a vivir como antes, serían como cizaña echada al horno, vida sin sentido y sin servidumbre para nada.
• Parábola y Alegoría. Existe la parábola. Existe la alegoría. Existe la mezcla de las dos que es la forma más común. Por lo general, a todo se le llama parábola. En el evangelio de hoy tenemos el ejemplo de una alegoría. Una alegoría es una historia que la persona cuenta, pero cuando cuenta, no piensa en los elementos de la historia, sino en el asunto que debe ser esclarecido. Al leer una alegoría no es necesario mirar primero la historia como un todo, pues en una alegoría la historia no se construyó entorno a un punto central que después sirve como medio de comparación, sino que cada elemento tiene su función independiente a partir del sentido que recibe. Se trata de descubrir lo que cada elemento de las dos historias nos tiene que decir sobre el Reino como lo hace la explicación que Jesús dio de la parábola: campo, buena semilla, cizaña, siega y segadores. Generalmente, las parábolas son alegorizantes. Hay mezcla de las dos.
4) Para la reflexión personal
• En el campo existe todo mezclado: cizaña y trigo. En el campo de mi vida ¿qué prevalece: el trigo o la cizaña?
• ¿Has intentado conversar con otras personas para descubrir el sentido de alguna parábola?
5) Oración final
Feliz quien se apoya en el Dios de Jacob,
quien tiene su esperanza en Yahvé, su Dios,
que hizo el cielo y la tierra,
el mar y cuanto hay en ellos;
que guarda por siempre su lealtad. (Sal 146,5-6)

lunes, 28 de julio de 2014

Lectio Divina: Lunes, 28 de Julio, 2014: Evangelio según San Mateo 13, 31-35. : (17ª Semana del Tiempo Ordinario - Ciclo A -)


Lectio Divina: 
Lunes, 28 Julio, 2014  
(17ª Semana del Tiempo Ordinario - Ciclo A -)

1) Oración inicial
¡Oh Dios!, protector de los que en ti esperan; sin ti nada es fuerte ni santo. Multiplica sobre nosotros los signos de tu misericordia, para que, bajo tu guía providente, de tal modo nos sirvamos de los bienes pasajeros que podamos adherirnos a los eternos. Por nuestro Señor.
2) Lectura
Del Evangelio según Mateo 13,31-35
Otra parábola les propuso: «El Reino de los Cielos es semejante a un grano de mostaza que tomó un hombre y lo sembró en su campo. Es ciertamente más pequeña que cualquier semilla, pero cuando crece es mayor que las hortalizas, y se hace árbol, hasta el punto de que las aves del cielo vienen y anidan en sus ramas.»
Les dijo otra parábola: «El Reino de los Cielos es semejante a la levadura que tomó una mujer y la metió en tres medidas de harina, hasta que fermentó todo.» Todo esto dijo Jesús en parábolas a la gente, y nada les hablaba sin parábolas, para que se cumpliese lo dicho por el profeta:
Abriré con parábolas mi boca,
publicaré lo que estaba oculto desde la creación del mundo.
Palabra del Señor
3) Reflexión
• Estamos meditando el Sermón de las Parábolas, cuyo objetivo es revelar, por medio de comparaciones, el misterio del Reino de Dios presente en la vida del pueblo. El evangelio nos trae hoy dos pequeñas parábolas, del grano de mostaza y de la levadura. En ellas Jesús cuenta dos historias sacadas de la vida de cada día que servirán como medio de comparación para ayudar a la gente a descubrir el misterio del Reino. Al meditar estas dos historias, lo primero que hay que hacer no es querer descubrir lo que cada elemento de las historias nos quiere decir sobre el Reino. Lo primero que hay que hacer es mirar la historia en si misma como un todo y tratar de descubrir cuál es el punto central entorno al cual la historia fue construida, pues es este punto central lo que servirá como medio de comparación para revelar el Reino de Dios. Vamos a ver cuál es el punto central de las dos parábolas.

• Mato 13,31-32: La parábola del grano de mostaza. Jesús dice: "El Reino de los Cielos es como un grano de mostaza“ y luego cuenta la historia: un grano bien pequeño es lanzado en el campo; pero aún siendo pequeño, crece, se hace mayor que las otras plantas y llega a atraer los pajarillos para que hagan en ellas sus nidos. Jesús no explica la historia. Aquí vale lo que dice en otra ocasión: “Quien tenga oídos para oír, que oiga” Es decir: “Es esto. ¡Ustedes han oído, y ahora traten de entender!” A nosotros nos toca descubrir lo que esta historia nos revela sobre el Reino de Dios presente en nuestras vidas. Así, por medio de esta historia del grano de mostaza, Jesús provoca nuestra fantasía, pues cada uno de nosotros entiende algo de siembra. Jesús espera que las personas, nosotros todos, comencemos a compartir lo que cada uno descubre. Comparto aquí tres puntos que descubrí sobre el Reino a partir de esta parábola: (a) Jesús dice: "El Reino de los Cielos es como un grano de mostaza“. El Reino no es algo abstracto, ni es una idea. Es una presencia en medio de nosotros (Lc 17,21). ¿Cómo es esta presencia? Es como el grano de mostaza: presencia bien pequeña, humilde, que casi no se ve. Se trata de Jesús mismo, un pobre carpintero, andando por Galilea, hablando del Reino a la gente de las aldeas. El Reino de Dios no sigue los criterios de los grandes del mundo. Tiene otro modo de pensar y de proceder. (b) La parábola evoca una profecía de Ezequiel, en la que se dice que Dios hará brotar una pequeña rama de cedro y la plantará en las alturas de la montaña de Israel. Este pequeño brote de cedro: ” echará ramas y producirá frutos, y se convertirá en un magnífico cedro. Pájaros de todas clases anidarán en él, habitarán a la sombra de sus ramas. Y todos los árboles del campo sabrán que yo, el Señor, humillo al árbol elevado y exalto al árbol humillado, hago secar al árbol verde y reverdecer al árbol seco. Yo, el Señor, lo he dicho y lo haré. (Ez 17,22-23). (c) El grano de mostaza, aún siendo pequeño, crece y suscita esperanza. Como el grano de mostaza, así el Reino tiene una fuerza interior y crece. ¿Crece cómo? Crece a través de la predicación de Jesús y de los discípulos y de las discípulas, en los poblados de la Galilea. Crece, hasta hoy, a través del testimonio de las comunidades y se vuelve buena noticia de Dios que irradia y atrae a la gente. La persona que llega cerca de la comunidad, se siente acogida, en casa, y hace en ella su nido, su morada. Al final, la parábola deja una pregunta en el aire: ¿quiénes son los pajarillos? La pregunta tendrá respuesta más adelante en el evangelio. El texto sugiere que se trata de los paganos que van a poder entrar en el Reino (Mt15,21-28).

• Mateo 13,33: La parábola de la levadura. La historia de la segunda parábola es ésta: una mujer mezcla un poco de levadura con tres medidas de harina, hasta que todo quede fermentado. De nuevo, Jesús no explica, sólo dice: "El Reino del Cielo es como la levadura...”. Como en la primera parábola, depende de nosotros el saber descubrir el significado para hoy. Comparto algunos puntos que he descubierto y que me hicieron pensar: (a) Lo que crece no es la levadura, sino la masa. (b) Se trata de una cosa bien casera, del trabajo de la mujer en casa. (c) La levadura tiene algo de podrido que se mezcla con la masa pura de la harina. (d) El objetivo es hacer ‘levitar’ la masa y no apenas una parte. (e) La levadura no tiene fin en si misma, sino que sirve para hacer crecer la masa.

• Mateo 13,34-35: Por qué Jesús habla en parábolas. Aquí, al final del Sermón de las Parábolas, Mateo trae una aclaración sobre el motivo que llevaba a Jesús a enseñar a la gente en forma de parábolas. El dice que era para que se cumpliera la profecía que dice: " Abriré con parábolas mi boca, publicaré lo que estaba oculto desde la creación del mundo.". En realidad, el texto citado no es de un profeta, sino de un salmo (Sal 78,2). Para los primeros cristianos todo el Antiguo Testamento era una gran profecía que tenía que anunciar veladamente la venida del Mesías y la realización de las promesas de Dios. En Marcos 4,34-34, el motivo que llevaba a Jesús a enseñar a la gente por medio de parábolas era para adaptar el mensaje a la capacidad de la gente. Al ser ejemplos sacados de la vida de la gente, Jesús ayudaba a las personas a descubrir las cosas de Dios en lo cotidiano. La vida se volvía transparente. Jesús hacía percibir que lo extraordinario de Dios se esconde en las cosas ordinarias y comunes de la vida de cada día. La gente entendía así, de la vida. En las parábolas recibía una llave para abrirla y encontrar dentro de la vida las señales de Dios. Al final del Sermón de las Parábolas, en Mateo 13,52, como luego veremos, se va a dar otro motivo que lleva Jesús a enseñar por medio de parábolas.
4) Para la reflexión personal
• ¿Cuál es el punto de estas dos parábolas que más te gustó o que más te llamó la atención? ¿Por qué?
• ¿Cuál es la semilla que, sin que te hayas dado cuenta, creció en ti y en tu comunidad?
5) Oración final
Yo, en cambio, cantaré tu fuerza,
aclamaré tu lealtad por la mañana;
pues has sido un baluarte para mí,
un refugio el día de la angustia. (Sal 59,17)

domingo, 28 de julio de 2013

Lectio Divina : Domingo, 28 de Julio, 2013 : Evangelio según San Lucas 11, 1-13. : (17ª Semana del Tiempo Ordinario - Ciclo C -)


Lectio Divina : 

Domingo, 28 Julio, 2013  
La oración del Maestro 
La oración de los discípulos
1. Oración inicial
Padre de toda misericordia,
en nombre de Cristo tu Hijo, te pedimos,
¡Envíanos el Don,
Infunde en nosotros el Espíritu!
Espíritu Paráclito, 
enséñanos a orar en la verdad
permaneciendo en el nuevo Templo
que es Cristo.
Espíritu fiel al Padre y a nosotros,
como la paloma en su nido,
invoca en nosotros incesantemente al Padre,
porque no sabemos rezar.
Espíritu de Cristo,
primer Don para nosotros los creyentes,
ruega en nosotros sin descanso al Padre,
como nos ha enseñado el Hijo. Amén
2. Lectura
a) Para ayudar a la comprensión del pasaje:El pasaje evangélico está subdividido en tres secciones:
vv.1-4: la oración enseñada por Jesúsvv. 5-8: la parábola del amigo inoportunovv. 9-13: la enseñanza sobre la eficacia de la oración.
Lucas 11, 1-13b) El texto:
Evangelio según San Lucas 11, 1-13.

1 Estaba él orando en cierto lugar y cuando terminó, le dijo uno de sus discípulos: «Señor, enséñanos a orar, como enseñó Juan a sus discípulos.» 2 Él les dijo: «Cuando oréis, decid:
Padre, santificado sea tu Nombre, venga tu Reino, 3 danos cada día nuestro pan cotidiano, 4 y perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe, y no nos dejes caer en tentación.»
5 Les dijo también: «Si uno de vosotros tiene un amigo y, acudiendo a él a medianoche, le dice: `Amigo, préstame tres panes, 6 porque ha llegado de viaje a mi casa un amigo mío y no tengo qué ofrecerle', 7 y aquél, desde dentro, le responde: `No me molestes; la puerta ya está cerrada, y mis hijos y yo estamos acostados; no puedo levantarme a dártelos', 8 os aseguro que si no se levanta a dárselos por ser su amigo, se levantará para que deje de molestarle y le dará cuanto necesite.
9 «Yo os digo: Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá.10 Porque todo el que pide, recibe; el que busca, halla; y al que llama, le abrirán.11 ¿Qué padre hay entre vosotros que, si su hijo le pide un pez, en lugar de un pez le da una culebra; 12 o, si pide un huevo, le da un escorpión? 13 Si, pues, vosotros, aun siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan!»
Palabra del Señor
Versión en Castellano :

Evangelio según San Lucas 11,1-13. 
Un día, Jesús estaba orando en cierto lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: "Señor, enséñanos a orar, así como Juan enseñó a sus discípulos". 
El les dijo entonces: "Cuando oren, digan: Padre, santificado sea tu Nombre, que venga tu Reino; 
danos cada día nuestro pan cotidiano; 
perdona nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a aquellos que nos ofenden; y no nos dejes caer en la tentación". 
Jesús agregó: "Supongamos que alguno de ustedes tiene un amigo y recurre a él a medianoche, para decirle: 'Amigo, préstame tres panes, 
porque uno de mis amigos llegó de viaje y no tengo nada que ofrecerle', 
y desde adentro él le responde: 'No me fastidies; ahora la puerta está cerrada, y mis hijos y yo estamos acostados. No puedo levantarme para dártelos'. 
Yo les aseguro que aunque él no se levante para dárselos por ser su amigo, se levantará al menos a causa de su insistencia y le dará todo lo necesario. 
También les aseguro: pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá. 
Porque el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abre. 
¿Hay entre ustedes algún padre que da a su hijo una piedra cuando le pide pan? ¿Y si le pide un pescado, le dará en su lugar una serpiente? 
¿Y si le pide un huevo, le dará un escorpión? 
Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a aquellos que se lo pidan".  

Palabra del Señor
3. Un momento de silencio orante
- Como los discípulos, también nosotros nos reunimos en torno a Jesús que ora en solitario. Recojamos en torno a Él y en Él, todas nuestras energías, cualquier pensamiento, toda ocupación o preocupación, las esperanzas, los dolores...
- Hoy somos nosotros aquellos discípulos que ven rezar al maestro y se dejan fascinar de su oración, que evidentemente es muy especial.
- Hoy sus palabras son para nosotros, su invitación a fiarse del amor del Padre, se dirige a nosotros, presos muchas veces de nuestras cosas, muchas veces envuelto en la búsqueda del “todo y pronto”, encadenados de miles de cosas, que luego (pero sólo “luego” cuando un acontecimiento nos hiere) descubrimos que verdaderamente son superfluas...
- Hoy nos toca ponerle voz a la oración del Maestro: Padre, sea santificado tu Nombre...
4. Algunas preguntas
Aprovechemos la ocasión para preguntarnos sobre nuestra oración:
* ¿Qué es la oración para mí: una obligación? ¿Una pausa para la búsqueda de mi mismo? ¿La presentación a Dios de una lista de peticiones? ¿Un descanso en compañía del Padre? ¿El diálogo sencillo y confiado con Aquel que me ama?
* ¿Cuánto tiempo dedico a la oración: cada día algunos momentos? O, más bien, ¿cada semana o una vez al mes? ¿Ocasionalmente? ¿Sistemáticamente? ¿Espero el “sentir deseos “ de rezar?
* ¿De dónde parte mi oración: de la Palabra de Dios? ¿Del santo o de la festividad litúrgica del día? ¿De la devoción a la Virgen María? ¿ De una imagen famosa o de un icono? ¿De los sucesos de mi vida o de los de la historia del mundo?
* ¿Con quién me encuentro cuando rezo: mirando a lo profundo de mi mismo, en la oración hablo con alguien al que siento como juez o como amigo? ¿Lo siento “igual que yo” o lo considero “santo”, infinito o inalcanzable? ¿Está junto a mí, o lejano e indiferente? ¿Es mi Padre o es mi patrón? ¿Se ocupa de mi o “va a sus cosas”?
* ¿Cómo rezo: uso de modo algo mecánico fórmulas prefijadas? ¿Rezo con versículos de salmos o de otras páginas bíblicas? ¿Con textos litúrgicos? ¿Prefiero una oración espontánea? ¿Recurro a largos textos de bellas palabras o prefiero repetir una breve frase? ¿Cómo utilizo la “oración del Señor”? ¿Me recojo con frecuencia para invocar a Dios en cualquier necesidad o a alabarlo en la liturgia o a contemplarlo en el silencio? ¿Consigo orar mientras trabajo o cuando estoy en cualquier lugar o sólo cuando estoy en la iglesia? ¿Consigo hacer mía la oración litúrgica? ¿Qué puesto tiene la Madre de Dios en mi oración?
5. Una clave de lectura
El pasaje presenta la oración como una de las exigencias fundamentales y uno de los puntos cualificadores de la vida del discípulo de Jesús y de la comunidad de discípulos.
vv. 1-4: Jesús, como los grandes maestros religiosos de su tiempo, enseña a sus seguidores una oración que los caracteriza: el “Padre nuestro”.
a) Jesús estaba orando en cierto lugar y cuando terminó, le dijo uno de sus discípulos: “Señor, enséñanos a orar”. Jesús se aparta para orar. Lo hace con frecuencia en la narración de Lucas (5,16), sobre todo en los momentos inmediatos a sucesos importantes: antes de constituir el grupo de los Doce (6,12-13); antes de provocar la confesión de fe de Pedro (9, 18-20), antes de la transfiguración (9, 28-29) y finalmente antes de la pasión (22, 40-45).
Jesús que reza, provoca en los discípulos el deseo de rezar como Él. Es, evidentemente una oración que tiene unos reflejos externos verdaderamente especiales, que ciertamente repercuten sobre la predicación. Los discípulos comprenden que una oración tal, es muy diversa de la que enseñan los otros maestros espirituales de Israel y también de la del mismo precursor suyo, por esto le piden que les enseñe su oración. De este modo, la oración que Jesús transmite a los suyos se convierte para ellos en la expresión característica de su ideal y de su identidad, del modo de relacionarse con Dios y con los suyos.
b) Padre: Lo primero que Jesús enseña a propósito de la oración es llamar a Dios con el nombre de “Padre”. A diferencia de Mateo, Lucas no añade el adjetivo “nuestro”, poniendo menos el acento sobre el aspecto comunitario de la oración cristiana; el hecho de invocar al mismo Padre constituye el mejor lazo de la unidad comunitaria de los discípulos. Para un hebreo del siglo 1º, la relación con el padre estaba hecha de intimidad, pero también de reconocimiento de la soberanía sobre cada miembro de la familia. Esto se refleja en el uso cristiano de llamar a Dios “padre”, mientras no hay testimonios seguros de que los hebreos de la época usaran el llamar a Dios con el confidencial “abba”. Este término no es otra cosa que la enfatización del aramaico “ab”, el termino familiar y respetuoso usado para el padre terreno. El hecho de que Jesús use para dirigirse al Padre llamándolo abba manifiesta el nuevo tipo de relación que Él, y por tanto sus discípulos, instauran con Dios: una relación de cercanía, familiaridad y confianza.
Según el esquema clásico de la oración bíblica, la primera parte del “Padre nuestro” mira directamente a Dios, mientras la segunda parte se refiere a las necesidades del hombre en la vida terrena.
c) Padre, santificado sea tu Nombre: es Dios, en el mensaje de los profetas de Israel, quien “santifica el propio Nombre” (o sea, Él mismo: “el nombre es la persona”) interviniendo con potencia en la historia humana, aunque Israel y los otros pueblos lo hayan deshonrado. Leemos en Ezequiel: “Y en las naciones donde llegaron, profanaron mi santo nombre, haciendo que se dijera a propósito de ellos; “Son el pueblo de Yahvé, y han tenido que salir de su tierra”. Pero yo he tenido consideración a mi santo nombre que la casa de Israel profanó entre las naciones adonde había ido. Por eso di a la casa de Israel: Así dice el Señor Yahvé: No hago esto por consideración a vosotros, casa de Israel, sino por mi santo nombre, que vosotros habéis profanado entre las naciones adonde fuisteis. Yo santificaré mi gran nombre profanado entre las naciones, profanado allí por vosotros. Y las naciones sabrán que yo soy Yahvé - oráculo del Señor Yahvé - cuando yo por medio de vosotros, manifieste mi santidad a la vista de ellos. Os tomaré de entre las naciones, os recogeré de todos los países y os llevaré a vuestro suelo (36, 20-24). A propósito se puede leer también: Dt 32, 51; Is 29,22; Ez 28, 22-25.
El sujeto del verbo “santificar”, en Lc 11,2, es el mismo Dios: estamos de frente a un “pasivo” teológico: Esto significa que la primera petición de esta oración no se refiere al hombre y a su indiscutible deber de honrar y respetar a Dios, sino al mismo Dios Padre que debe hacer de modo de darse a reconocer como tal por todos los hombres. Se pide, por tanto, a Dios que se revele en su soberana grandeza: es una invocación de tono escatológico, estrechamente ligada con la sucesiva.
d) Venga tu Reino: el gran acontecimiento anunciado por Jesús es la cercanía definitiva del Reino de Dios a los hombres: “Sabed que el reino de Dios está cerca” (Lc 10,11; cfr también Mt 10,7). La oración de Jesús y del Cristiano, por tanto, está en perfecta sintonía con este anuncio. Pedir en la oración que este Reino esté cada vez más visiblemente presente, obtiene dos efectos: el que reza se confronta con el diseño escatológico de Dios, aun más, se pone en una radical disponibilidad hacia esta Su voluntad de salvación.
Por esto, si es verdad que a Dios se puede y se debe manifestar las propias necesidades, es también verdadero que la oración cristiana no está dirigida y finalizada en el hombre, no es una petición egoística del hombre, sino que su fin es glorificar a Dios, invocar su total cercanía, su completa manifestación: “Buscad el reino de Dios y estas cosas se os darán por añadidura” (Lc 22, 31).
e) Danos hoy nuestro pan de cada día: hemos pasado a la segunda parte de la oración del Señor. El orante ha puesto ya las bases para una correcta y confidencial relación con Dios, por esto ya vive en la lógica de la cercanía de Dio que es Padre y sus peticiones brotan de este modo de vivir.
El pan es el alimento necesario, el alimento primario, tanto el tiempo de Jesús como hoy (o casi). Aquí sin embargo “pan “ indica el alimento en general y también , más ampliamente, todo género de necesidad material de los discípulos.
El término español “pan” es la traducción del griego “epiouson”, que encontramos también en la versión de Mateo, y también en algún otro texto griego bíblico o profano. Esto hace muy difícil el darle una versión verdaderamente atendible, tanto que se ha debido adoptar el traducirlo en base al contexto. Lo que es verdaderamente claro, es que el discípulo que está orando de este modo es consciente de no tener mucha seguridades materiales para el futuro, ni siquiera al alimento diario: él, en verdad, “ ha abandonado todo” por seguir a Cristo (cfr Lc 5,11). Se trata de una situación característica de los cristianos de las primeras generaciones, pero no se dice que la oración por “el pan”, no pueda servir a los cristianos de nuestro tiempo: todos somos llamados a recibir todo de la Providencia, como un don gratuito de Dios, aunque venga del trabajo de nuestras manos; a esto, por ejemplo, nos reclama constantemente la dinámica del rito eucarístico del ofertorio: se ofrece a Dios algo que se sabe bien que se ha recibido de Él, para poderlo recibir nuevamente de sus manos.. Esto significa también que el Cristiano de todo tiempo no debe tener ninguna preocupación por la propia situación material, porque el Padre se ocupará por él: “No os preocupéis por vuestra vida, qué comeréis; ni por vuestro cuerpo, cómo lo vestiréis. La vida vale más que el alimento y el cuerpo más que el vestido” (Lc 12,22-23).
f) Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden: Inmerso en la salvación otorgada por el Padre con la llegada de su Reino, el Cristiano se sabe perdonado en anticipo de toda culpa. Esto lo coloca en la condición y en la obligación de perdonar a los otros, consintiendo a Dios dar el definitivo perdón para el creyente capaz de perdonar (cfr Mt 18, 23-35).
Estamos siempre a caballo entre el reino “ya” presente y el reino “pero todavía no” cumplido. Un comportamiento del Cristiano que no estuviese en sintonía con la salvación ya recibida de Dios en Cristo, volvería vano para él el perdón ya recibido. He aquí por qué Lucas dice: “porque también nosotros perdonamos”: no quiere colocar al hombre sobre el mismo plano de Dios, sino la conciencia de que el hombre puede estropear la obra salvífica de Dios, en la cual el Padre lo ha querido colocar como elemento activo, para extender a todos su perdón siempre gratuito.
vv. 5-8: más que una parábola. Se trata de una semejanza, porque ilustra un comportamiento típico que suscita en el auditorio una respuesta espontáneamente unívoca. En nuestro caso, a la pregunta “¿quien de vosotros...?” (v.5) sería difícil encontrar quien no respondiese de pronto “¡ninguno!”. En efecto, el relato quiere mostrarnos el modo de obrar de Dios a través del filtro del obrar humano, que resulta una mala copia de cómo obra el Padre.
La escena está ambientada en la campiña de Palestina. Por lo general, quien debiese emprender un viaje se ponía en camino a la caída del sol, para evitar sufrir las consecuencias de las diurnas temperaturas demasiado altas. En las casas palestinas de la época existía solamente una sala y toda la familia la utilizaba, tanto para las actividades del día, como para el descanso de la noche, extendiendo solamente algunas mantas sobre el pavimento.
La petición del hombre que se encuentra en plena noche recibiendo a un huésped inesperado refleja el sentido de hospitalidad de los pueblos antiguos y la petición de “los tres panes” (v.5) se explica por el hecho que aquélla era precisamente la cantidad de pan que constituía la porción normal de un adulto.
El hombre que de noche corre al amigo es la figura del discípulo de Cristo, llamado a orar a Dios siempre y en cualquier lugar, con la confianza de ser escuchado, no porque lo ha cansado, sino porque Él es un Padre misericordioso y fiel a las promesas. La parábola sirve, por tanto, para explicar con qué disposición el verdadero discípulo debe rezar el “Padre Nuestro”: con una confianza total en Dios, Padre amable y justo, confianza que le lleva a una cierta desfachatez, o sea, a “molestarlo” en cualquier momento y a insistir ante Él de cualquier modo, con la certeza de ser escuchado.
La plegaria como conducta fundamental de todo cristiano que quiera ser verdaderamente discípulo de Cristo está muy bien presentada por el apóstol Pablo; Orad incesantemente, en toda ocasión dando gracias; esta es en efecto la voluntad de Dios en Cristo Jesús hacia vosotros (1 Ts 5,17-18); “Rezad incesantemente con toda suerte de plegaria y de súplicas en el espíritu, velando con este fin con toda perseverancia y orando por todos los santos” (Ef 6,18).
vv. 9-13: la última parte de nuestro evangelio es la propiamente didáctica. Vuelve a tomar los temas de los versículos precedentes, subrayando decididamente sobre la confianza que debe caracterizar la oración cristiana, basada sobre la sólida roca de la fe. Es la confianza del orante que abre las puertas del corazón del Padre y es precisamente su identidad de Padre que ama llevar en brazos a sus hijos y consolarlos con la ternura de una madre (cfr Is 66, 12-13) lo que debe nutrir la confianza de los cristianos.
Dios es un Padre que ama recibir las peticiones de sus hijos, porque esto demuestra su confianza en Él, porque para pedir ellos se acercan a Él con el corazón disponible, porque esto le empuja a mirar su rostro manso y amable, porque haciendo así (aunque indirectamente) ellos manifiestan creer que Él es verdaderamente el Señor de la historia y del mundo, y sobre todo, porque esto le da el modo de demostrar a ellos abiertamente su amor delicado, atento, libre y sólo orientado al bien de sus hijos. Lo que al Padre disgusta, no es la insistencia o indiscreción de los hijos en el pedir, sino el hecho de que no le pidan bastante, permaneciendo ellos silenciosos y casi indiferentes con Él, el permanecer a distancia con miles excusas de respeto, de “Él lo sabe ya todo”, etc.
Dios es ciertamente un Padre que sabe proveer a todo lo que se refiere a la existencia cotidiana de sus hijos, pero, también, sabe qué cosa es bueno para ellos y lo sabe mejor que nosotros. He aquí por qué Él dona a los Cristianos muchos bienes y sobre todo el don por excelencia: el Espíritu, el único bien de verdad indispensable para sus vidas, aquel que, dejándolo obrar, los vuelve cada vez más auténticamente hijos en el Hijo.
6. Un momento de oración: Salmo 104
Al Dios misericordioso y providente, que ha creado la maravillosa armonía del cosmo y en ella ha puesto al hombre como su “vicario”, cantemos con el salmo:
¡Bendice, alma mía, a Yahvé!
¡Yahvé, Dios mío, qué grande eres!
Vestido de esplendor y majestad,
te arropa la luz como un manto,
como una tienda extiendes el cielo,
levantas sobre las aguas tus moradas;
te sirven las nubes de carroza,
te deslizas sobre las alas del viento;
tomas por mensajeros a los vientos,
al fuego llameante por ministro.
7. Oración final
Padre bueno y santo, tu amor nos hace hermanos y nos anima a reunirnos todos en tu santa Iglesia para celebrar con la vida el misterio de comunión. Tú nos llama a compartir el único pan vivo y eterno que se nos ha dado del cielo: ayúdanos a saber compartir también en la caridad de Cristo el pan terreno, para que se sacie toda hambre del cuerpo y del espíritu. Amén.