Lectio Divina:
Domingo, 12 Junio, 2016
Jesús acoge y defiende a la mujer con el ungüento
Confianza de los pobres en la persona de Jesús
1. Oración inicial
Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz, que parecía ser el final de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de vida y resurrección.
Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos a Ti, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu. Amén.
2. Lectura
a) Clave de lectura:
El texto del Evangelio de este domingo nos presenta dos episodios ligados entre sí. El primero es un episodio lleno de emoción. Una mujer, considerada pecadora en la ciudad, tiene el valor de entrar en la casa de Simón, un fariseo, durante el almuerzo, para llegarse a Jesús, lavarle los pies y llenarlo de besos y perfumes. El segundo es la descripción de la comunidad de Jesús, a la cuál pertenecen los discípulos y discípulas.
Cuando leas el texto imagínate que estás en casa del fariseo, durante el almuerzo, y observa con mucha atención las conductas, los gestos y las palabras de las personas: de la mujer, de Jesús y de los fariseos. Lee varias veces y también atentamente la breve información de Lucas sobre la comunidad que se formó en torno a Jesús y trata de examinar bien las palabras usadas para indicar la participación tanto de los hombres como de las mujeres que siguen a Jesús.
Cuando leas el texto imagínate que estás en casa del fariseo, durante el almuerzo, y observa con mucha atención las conductas, los gestos y las palabras de las personas: de la mujer, de Jesús y de los fariseos. Lee varias veces y también atentamente la breve información de Lucas sobre la comunidad que se formó en torno a Jesús y trata de examinar bien las palabras usadas para indicar la participación tanto de los hombres como de las mujeres que siguen a Jesús.
b) Una división del texto para ayudar en su lectura
Lucas 7,36-38: Una mujer lava los pies de Jesús en casa de un Fariseo
Lucas 7,39-40: La reacción del fariseo y la respuesta de Jesús
Lucas 7,41-43: La parábola de los dos deudores y la respuesta del Fariseo
Lucas 7,44-47: Jesús aplica la parábola y defiende a la mujer
Lucas 7, 48-50: El amor hace nacer el perdón. El perdón hace crecer el amor
Lucas 8,1-3: Los discípulos y discípulas de la comunidad de Jesús
Lucas 7,39-40: La reacción del fariseo y la respuesta de Jesús
Lucas 7,41-43: La parábola de los dos deudores y la respuesta del Fariseo
Lucas 7,44-47: Jesús aplica la parábola y defiende a la mujer
Lucas 7, 48-50: El amor hace nacer el perdón. El perdón hace crecer el amor
Lucas 8,1-3: Los discípulos y discípulas de la comunidad de Jesús
c) Texto: Evangelio según san Lucas 7,36 a 8,3.
36 Un fariseo rogó Jesús que comiera con él, y, entrando en la casa del fariseo, se puso a la mesa. 37 Había en la ciudad una mujer pecadora pública. Al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, llevó un frasco de alabastro de perfume 38 y, poniéndose detrás, a los pies de él, comenzó a llorar, y con sus lágrimas le mojaba los pies y con los cabellos de su cabeza se los secaba; besaba sus pies y los ungía con el perfume.
39 Al verlo el fariseo que le había invitado, se decía para sí: «Si éste fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer es la que le está tocando, pues es una pecadora.» 40 Jesús le respondió: «Simón, tengo algo que decirte.» Él dijo: «Di, maestro.» 41 «Un acreedor tenía dos deudores: uno debía quinientos denarios y el otro cincuenta. 42 Como no tenían para pagarle, perdonó a los dos. ¿Quién de ellos le amará más?» 43 Respondió Simón: «Supongo que aquel a quien perdonó más.»
Él le dijo: «Has juzgado bien.» 44 Y, volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón: «¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y no me diste agua para los pies. Ella, en cambio, ha mojado mis pies con lágrimas y los ha secado con sus cabellos. 45 No me diste el beso. Ella, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. 46 No ungiste mi cabeza con aceite. Ella ha ungido mis pies con perfume.47 Por eso te digo que quedan perdonados sus muchos pecados, porque ha mostrado mucho amor. A quien poco se le perdona, poco amor muestra.» 48 Y le dijo a ella: «Tus pecados quedan perdonados.» 49Los comensales empezaron a decirse para sí: «¿Quién es éste, que hasta perdona los pecados?» 50 Pero él dijo a la mujer: «Tu fe te ha salvado. Vete en paz.»
39 Al verlo el fariseo que le había invitado, se decía para sí: «Si éste fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer es la que le está tocando, pues es una pecadora.» 40 Jesús le respondió: «Simón, tengo algo que decirte.» Él dijo: «Di, maestro.» 41 «Un acreedor tenía dos deudores: uno debía quinientos denarios y el otro cincuenta. 42 Como no tenían para pagarle, perdonó a los dos. ¿Quién de ellos le amará más?» 43 Respondió Simón: «Supongo que aquel a quien perdonó más.»
Él le dijo: «Has juzgado bien.» 44 Y, volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón: «¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y no me diste agua para los pies. Ella, en cambio, ha mojado mis pies con lágrimas y los ha secado con sus cabellos. 45 No me diste el beso. Ella, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. 46 No ungiste mi cabeza con aceite. Ella ha ungido mis pies con perfume.47 Por eso te digo que quedan perdonados sus muchos pecados, porque ha mostrado mucho amor. A quien poco se le perdona, poco amor muestra.» 48 Y le dijo a ella: «Tus pecados quedan perdonados.» 49Los comensales empezaron a decirse para sí: «¿Quién es éste, que hasta perdona los pecados?» 50 Pero él dijo a la mujer: «Tu fe te ha salvado. Vete en paz.»
1 Recorrió a continuación ciudades y pueblos, proclamando y anunciando la Buena Nueva del Reino de Dios; le acompañaban los Doce, 2 y algunas mujeres que habían sido curadas de espíritus malignos y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios, 3 Juana, mujer de Cusa, un administrador de Herodes, Susana y otras muchas que les servían con sus bienes.
Palabra del Señor
3. Un momento de silencio orante
para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida.
Continúa














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